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Siguen algunos apuntes acerca de la historia reciente de los elfos y que en gran medida condicionan su situación actual: CAÍDA DE CRISTARA: EEn el año 316 antes del Muro de Fuego, Fungarest se hallaba en guerra abierta contra la Casa de la Gorgona. Aunque el ejército elfo había logrado conquistar las planicies hasta el Río Rojo e infligir graves pérdidas a los humanos en Tárrenar, la Casa de la Gorgona unificó sus fuerzas para un ataque concentrado sobre la ciudad más oriental de Fungarest, Cristara. Pese a que se luchó con valentía y coraje, finalmente la abrumadora superioridad numérica se impuso y las defensas de la ciudad cayeron. Viendo inamovible su fin y sabedores de su aciago destino dado que la Casa de la Gorgona no había permitido la salida ni a mujeres ni a niños, los magos de Cristara tomaron la decisión de inmolar toda la ciudad en una terrible explosión que sacudió los cimientos del mundo. Cuando finalmente se posó el polvo y ambos bandos mandaron exploradores se vio que de la orgullosa ciudad apenas quedaban algunas ruinas barridas por el viento y de las innumerables huestes invasoras, ni eso. En apenas un instante había sucumbido una de las contadas ciudades élficas y la inmensa mayoría de los varones en edad militar de todas las provincias de la Casa de la Gorgona Ante tamaña destrucción, de la que ninguna de las partes obtenía ningún beneficio y sí se debilitaba enormemente frente al acecho de la Oscuridad, el duque de la Casa de la Gorgona y el Consejo de los Nueve resolvieron firmar un armisticio manteniendo el status quo. Dicho armisticio, aunque jalonado por escaramuzas puntuales, se mantuvo hasta la firma del Concordato en que sería sustituido por un auténtico tratado de paz. EL CONCORDATO: En el año 3 M.F. se firmó en Aldaria, por parte de los representantes de Sjool, del Viejo Reino, de las Montañas de Acero y de Fungarest, un tratado de paz destinado a afianzar la alianza que se produjo en la Batalla de la Llanura de las Cenizas. Aparte de la decisión de extender el infranqueable Muro de Fuego en torno a todos los reinos para formar una barrera defensiva contra la Oscuridad y asentar definitivamente las fronteras entre los diferentes reinos, se establecían diversos deberes y derechos entre las partes, de los que se destacan los más relevantes para Fungarest: Abolición de la esclavitud: La sociedad elfa basaba una parte de su mano de obra en humanos esclavizados. Originariamente eran capturados en incursiones elfas en tierras de la Casa de la Gorgona (Erion apenas estaba habitado) aunque tras el armisticio posterior a la destrucción de Cristara esta solución no era ya viable. Los elfos se vieron obligados a utilizar la propia población esclava para producir más esclavos. Esto fue el fin de la presencia thrain en Fungarest, dado que los escasos thrain que habían sido capturados en las guerras contra la Casa de la Gorgona no eran suficientes para mantener una población y tenían una tasa reproductiva relativamente baja. Aunque los elfos no mataban a sus esclavos, esto supuso una importante mejora para los esclavos que pasaron de ser un bien de consumo a una pertenencia con valor cuantificable y los látigos bien pronto fueron relegados al olvido. A consecuencia de ello se suavizaron mucho las condiciones de vida de los esclavos pues se establecieron turnos de trabajo y tiempo de descanso e incluso se les otorgaron derechos. Conforme aumentaba el valor intrínseco de cada esclavo se les fue formando en labores más complejas (aunque nunca el combate o la magia) y los elfos descubrieron que los humanos eran hábiles aprendices de una gran diversidad de materias. En los años inmediatamente previos a la firma del Concordato, cada Linaje disponía de una cierta cantidad de esclavos dedicados a una gran variedad de tareas, no solo las derivadas de la recolección de recursos o su posterior procesamiento, sino también labores de logística e intendencia. Además eran frecuentemente empleados como sirvientes domésticos, encargándose de las labores del hogar o del cuidado de los niños elfos. En las poblaciones pequeñas, cuando se producía un ataque de la Oscuridad no se dudaba en armarles para que colaborasen en la defensa, sin que haya constancia de ningún incidente derivado de esto. Los humanos tenían unas jornadas de trabajo similares a los elfos con los que en numerosas ocasiones compartían el trabajo (sobre todo cuando se trataba de trabajo especializado, por ejemplo fabricación de armaduras de cuero) así como habitaciones propias a partir de determinada edad o si contraían enlace. En principio, excepto aquellos humanos específicamente destinados a ser sementales o yeguas de cría (era un ofrecimiento a quienes destacaban por su aptitud física o psíquica y que era comúnmente aceptado dado que tenían cargas de trabajo muy reducidas, y podían dedicarse al perfeccionamiento y posterior instrucción a otros de su habilidad) podían aparearse entre ellos y formar familias a su elección aunque siempre previa autorización del dueño debido a la implicación que tenía esto en cuanto a posibles transacciones. Aunque podían ser vendidos o comprados por otros elfos, si tenían familia siempre era obligatoria la compraventa de todo el lote. Los humanos lucían siempre en la frente un tatuaje mágico con el emblema del Linaje al que pertenecían aunque este podía ser sustituido sin problemas si se cambiaba de dueño mediante un sencillo hechizo. En bastantes ocasiones un esclavo que hubiese prestado buenos servicios a su dueño era liberado por éste, pasando a llevar en la frente el símbolo elfo correspondiente (curiosamente muy similar a un unicornio estilizado). Si bien muchos preferían permanecer al servicio del Linaje (mantenían el símbolo de “Liberado” en la frente pero también el del Linaje en el antebrazo derecho) la mayoría prefería emigrar y eran escoltados junto con su familia a lo que ahora es Erion, con recursos suficientes como para iniciar una nueva vida. Gran parte de la población del Erion actual puede datar sus orígenes en Fungarest y de hecho muchos humanos aún conservan la fe en los dioses élficos, tal y como les fueron explicados a sus antepasados. Antes de la firma del Concordato se dio ya en cuatro ocasiones el hecho de que un esclavo humano resultase apto como sacerdote de uno de los aspectos, siendo encargados por su respectiva iglesia la enseñanza a los demás esclavos. Tras la firma del Concordato, los Linajes fueron obligados a renunciar a sus esclavos, motivo por el cual se les dio a todos la opción de permanecer en Fungarest al servicio de un Linaje o de emigrar al Viejo Reino. Muchos optaron por esa segunda opción y fue el mayor crecimiento de población que tuvieron nunca las marcas en poder de la Casa de la Gorgona. Actualmente en Fungarest sigue habiendo una importante proporción de humanos (aproximadamente el 10% de la población) aunque no viven de forma independiente sino que están siempre adscritos a un Linaje en concreto y portan su emblema en el antebrazo derecho (ya no se usa el símbolo de “liberado” aunque algunos habitantes de Erion luzcan ese símbolo en una cinta en la frente para resaltar su amistad a los elfos). Técnicamente no necesitan pedir permiso para formar familia, pero sigue siendo una costumbre muy arraigada porque los descendientes no estarían al servicio de ningún Linaje y deberían salir de Fungarest. El término correcto para referirse a ellos es “sirvientes” aunque no perciben ningún salario por sus servicios sino que se mantienen las condiciones previas al Concordato en las que el Linaje al que prestan servicio es responsable de su manutención, alojamiento y seguridad. A diferencia de antaño, los humanos son libres de irse cuando lo deseen y las frecuentes caravanas hacia el Viejo Reino hacen que esto ya no sea una condena a perecer en la Oscuridad. Es de señalar que un porcentaje relevante de los que emigraron de Fungarest o sus descendientes han vuelto porque las condiciones de vida les son preferibles. Aunque ninguna población esté realmente a salvo de la oscuridad, el hecho de que todos los poblados cuenten con una guarnición es un argumento que muchos humanos encuentran irresistible. Establecimiento de enclaves comerciales: Anticipando una debacle económica ante la pérdida de mano de obra esclava (supuso una pérdida importante aunque menor de la esperada), los elfos consiguieron negociar el derecho a establecer enclaves comerciales en el Viejo Reino. Se plantearon originariamente como embajadas en las que los productos de Fungarest pudiesen ser directamente enviados sin pagar ningún tipo de aranceles y quedando en todo momento bajo la protección de las leyes élficas. Al enterarse de la firma de dichas condiciones, los gremios del Viejo Reino alzaron fuertes protestas ya que de facto los comerciantes élficos podían contravenir cualquier decisión de los gremios, vulnerando con ello los fueros de los que gozaban desde hacía generaciones. Finalmente se optó por una argucia legal, cediendo a los elfos la potestad de transportar mercancías desde Fungarest a sus encalves y viceversa, pero no el derecho de venderlas a la población porque esto estaba en manos de los gremios. De esa manera, los productos de Fungarest eran transportados en caravanas a su lugar de destino donde el comerciante elfo al cargo del enclave debía efectuar la venta de los productos a los gremios locales, que a su vez eran los encargados de venderlos a la población en general. Si un elfo deseaba vender productos directamente a los locales, debía necesariamente hacerse miembro del gremio de turno. El sistema se ha mantenido dados los beneficios generados para las dos partes, aunque haya ocasionalmente algo de contrabando por parte de ambos. Actualmente cualquier pueblo importante en el Viejo Reino además de las cinco ciudades más relevantes de Sjoolgaard cuenta con una delegación comercial elfa, así como bastantes puestos intermedios en multitud de pueblos repartidos por el Viejo Reino. No existe ninguna delegación comercial elfa en tierras de los thrain aunque sus productos ocasionalmente llegan a Fungarest por intermediarios. Asentamientos humanos en Fungarest: Como consecuencia de aprobarse la expansión del Muro de Fuego para proteger a todos los reinos, se vio la necesidad de establecer una logística suficiente para mantenerlo. Cada año los elfos habrían de llevar a Aldaria un cargamento suficiente de madera de Centinela (conocida en el Viejo Reino como Savia Vetusta) para abastecer a todo el perímetro, en donde se instalarían las torres con braseros de Acero Incógnito. Las runas trazadas en los Faros Negros y entre ellos para canalizar tanta energía mágica por parte de los druidas sjoolgaard debían ser conservadas y reparardas periódicamente lo cual hacía inevitable la presencia de pequeños destacamentos de Sjool a lo largo del Muro. Adicionalmente también era necesario disponer siempre de tropas que mantuviesen despejada una franja alrededor del Muro y pudiesen hacer de guarnición en las torres. Para satisfacer este último cometido, se crearon las Capas de Zarza que fueron estructuradas dentro de la ya existente Hermandad de las Capas del Viejo Reino. El Consejo de los Nueve no veía con buenos ojos el hecho de tener importantes contingentes armados en tierras de Fungarest, pero vio que no había alternativa real a ello. Aceptó por tanto la presencia de las Capas de Zarza y de los acólitos y magos de la Cábala Escarlata en las cercanías del muro y decretó que el último año de adiestramiento militar obligatorio para cada elfo fuese realizado al servicio de las Capas de Zarza, garantizando así presencia elfa en el único destacamento militar extranjero permitido en Fungarest. El caso de los sjoolgaards presentaba problemas debido a que se trataría de poblaciones humanas habitando Fungarest sin relación de servidumbre con ningún Linaje, algo para lo que no había precedente. Se pensó en asignar a los druidas sjoolgaard como parte de los destacamentos de las torres, algo a lo que éstos se negaron alegando que no podían entrar en comunión con sus espíritus estando encerrados en una torre. Tras largos meses de negociaciones se optó por permitir que pequeños grupos de sjoolgaardsse afincasen en poblados élficos de la periferia de las ciudades de Coralis (hasta la destrucción de esta ciudad. Actualmente hay un quinto asentamiento en la periferia de Menandel), Seliar, Deniria, Ardanea y Nelfiras puesto que estas eran las más próximas al proyectado Muro. Estos grupos estarían siempre formados por un par de druidas junto con sus escoltas personales y sirvientes, junto con sus respectivas familias y debían ser siempre menores en número que las comunidades elfas en las que habrían de integrarse… por seguridad. El estatus sería el de invitados del Consejo de los Nueve en lugar de sirvientes. Tras ocho décadas de esta convivencia en los enclaves existe una fluida relación entre los elfos de dichas poblaciones y los sjoolgaards, que suelen adaptarse con facilidad al estilo de vida en los bosques habitual entre los elfos. Aunque ha habido muchos nacimientos de sjoolgaards en Fungarest, la población de Sjool se mantiene constante dado que permanecen solamente unos años en el lugar y continúan siempre como escoltas de alguno de los druidas regresando a Sjool cuando lo hace éste. El constante relevo ha impedido ninguna permanencia definitiva de Sjool en Fungarest aunque por otro lado ha servido para aumentar el número de sjoolgaards que han tenido ocasión de conocer de primera mano la cultura élfica en su plenitud. PÉRDIDA DE CORALIS: En el quinto año tras la Batalla de la Llanura de las Cenizas estuvo a punto de quebrarse la joven alianza formada. Los trabajos de construcción del Muro de Fuego avanzaban a buen paso y ya se empezaban a cerrar varios tramos dejando centenares de leguas protegidas de los ataques de la Oscuridad… o eso se creyó entonces. Mientras tanto, en Fungarest el Muro ya había sido completamente cerrado desde Ardanea a Seliar y se trabajaba en empalmar este tramo con el que proveniente de los dominios de la Casa de la Gorgona llegaba hasta Nelfiras y el que desde Erion bajaba siguiendo la línea de costa para rodear Coralis. Una noche los ataques de la Oscuridad, habituales en todo momento, cesaron por completo. Tres días más tarde una marea de fuerzas de la Oscuridad atacó el Muro justo al suroeste de Seliar, un inacabable sudario de Máscaras de Marfil junto con una infinidad de los peores engendros como no se viesen desde la Batalla que selló el destino del mundo. Las huestes de Coralis y Seliar acudieron a plantarles frente mientras se enviaban mensajeros hacia Erion a fin de redoblar los esfuerzos en la construcción del muro en el tramo de Seliar a Coralis. La Cábala Escarlata acudió presurosa y contempló desde la última torre construida junto a Seliar cómo se desarrollaba el feroz enfrentamiento. Dando la batalla directamente por perdida, decidieron situar una nueva torre al norte de Seliar y cerraron el Muro, dejando fuera a muchos valerosos elfos, y una ciudad entera a merced de la Oscuridad. No quedaban en Seliar tropas suficientes como para hacer frente a los magos, pero los mensajeros enviados a Anad-Sel sí lograron llegar a tiempo para avisar al Consejo de los Nueve antes de que aquellos lograsen huir cobardemente de Fungarest. Aún hoy no conocen el descanso de la muerte y siguen pagando su crimen, lo que no ayuda a destensar las relaciones entre la Cábala y los Elfos. FUNDACIÓN DE DAENUS: La pérdida de Coralis casi supuso una guerra abierta entre Fungarest y el Viejo Reino. Sabedores de que la Primera Ciudad había caído irremisiblemente en la Noche, el Consejo de los Nueve reclamó la inmediata disolución de la Cábala Escarlata a la vez que la entrega a Fungarest de todos los antiguos terrenos que habían pertenecido a la ciudad de Cristara … en la práctica casi una tercera parte de Morcaria. Evidentemente ni la Cábala Escarlata ni la propia Casa de la Gorgona estaban dispuestos a complacerles. Tampoco el Rey Táladas tenía voluntad ni poder para cumplirlo aunque entendía que debía darse alguna compensación a los elfos ante tamaña pérdida. Afortunadamente el Duque de Erion, descendiente de antiguos esclavos de Fungarest y gran conocedor de esa raza (además de sabiamente aconsejado) supo hallar una solución aceptable a todas las partes. En la provincia de Tar varias Marcas habían quedado sin Barón en las batallas que se produjeron ahí para conseguir cerrar el Muro. El Duque solicitó y obtuvo la concesión de dichas tierras a la Casa del Unicornio para acto seguido nombrar Barón de dichas tierras a quien el Consejo de los Nueve dictaminase. De esta manera podría fundarse en los bosques de Tar una nueva ciudad élfica mientras que ni el Rey ni la Casa de la Gorgona se habían visto obligados a claudicar. Tras bastantes disputas por ambos bandos finalmente se aceptó esa solución y la ciudad de Daenus fue fundada en el año 9 M.F., bajo el gobierno de un Consejo élfico y con paso franco garantizado a todos los elfos entre la nueva ciudad y Fungarest. Los elfos, conocedores del sistema de asignación de territorios del Viejo Reino (o tal vez aconsejados por el Duque), vincularon el cesar en sus demandas a la concesión de la nueva ciudad. De esta manera, si alguna vez Táladas o sus descendientes decidían otorgar esas marcas a otra Casa que no reconociese la soberanía élfica de la ciudad, inmediatamente habrían de retomar sus demandas originales contra la Casa de la Gorgona y la Cábala Escarlata. Actualmente, las muchas caravanas comerciales entre la ciudad de Daenus y Fungarest han supuesto un importante estímulo económico no sólo para los elfos sino también para los territorios humanos que atraviesan, que son básicamente las tierras de la Casa de la Gorgona. Este beneficio mutuo ha servido para suavizar en parte los roces y viejas heridas reabiertas aunque por ambos bandos sigue habiendo muchas voces contrarias a ningún acercamiento. En cuanto a la Cábala Escarlata, la mayoría de los elfos opina que consiguió escabullirse sin afrontar su justo castigo ni satisfacer en modo alguno el agravio causado. Sus magos y aprendices son tolerados en los cien metros que hay de franja despejada de árboles junto al Muro de Fuego, pero ni un paso más allá. El cargamento de madera de Centinela que todos los años se envía a Aldaria con destino a los braseros que la Cábala utiliza para mantener el Muro de Fuego no ayuda precisamente a las relaciones bilaterales… y ni los magos y mucho menos los elfos olvidan con facilidad. FUNDACIÓN DE TRITÓN: En el año 11 M.F. durante la gran sequía que asoló el sur del Viejo Reino, un ataque de la Oscuridad asoló parte de un pueblo humano de antiguos esclavos élficos cercano al Río Rojo y prácticamente aniquiló la milicia local que procuraba defenderlo. Entre los edificios destruíos se encontraba el granero común. Se enviaron mensajeros a la guarnición más cercana, el pequeño destacamento en el vado de las lanzas, desde el Concordato fijado en 50 soldados al igual que otro bastión elfo al otro lado del vado. Temerosos de dejar el vado descubierto ante los elfos, el capitán de la guarnición rehusó acudir en ayuda del pueblo aunque mandó mensajeros al acuartelamiento más próximo, a más de una semana de viaje. Cuando los lugareños recibieron la noticia al regresar sus mensajeros, la situación era desesperada. El hostigamiento de la Oscuridad que se había alzado continuaba y había costado la mitad de las vidas del pueblo y el resto estaba agotado y famélico ante la falta de víveres. Desesperados, aprovecharon el bajo nivel del Río Rojo debido a la sequía para cruzarlo con los pocos enseres que les quedaban, aliviados al ver que la Oscuridad no les seguía. Al cabo de unas semanas, los regimientos de Tárrenar llegaron al pueblo y al verlo desierto lo quemaron completamente tras arrasar la presencia de la Oscuridad que encontraron. La existencia de los refugiados en Fungarest no fue descubierta por los elfos hasta un mes después, cuando los lugareños ya habían enviado exploradores de vuelta a su antiguo hogar para encontrarlo completamente destruido. Furiosos ante el abandono que habían sufrido por parte de Tárrenar, suplicaron a los elfos permanecer en sus tierras y reconocerlos como señores. Esto planteaba un caso sin precedentes para los elfos al no haber población élfica local que pudiese asumir su presencia en calidad de sirvientes. No obstante, ante la grave necesidad de los humanos y la seguridad de que morirían si los expulsaban les permitieron quedarse, dejando sin embargo una pequeña guarnición para vigilarles en tanto que se enviaba noticia al Consejo de los Nueve para que decidiesen. Algunos meses más tarde, pendiente aún el asunto de resolución por parte del Consejo de los Nueve, ya se sabía en Tárrenar de lo sucedido y los buhoneros y comerciantes procedían ahora por el vado de las lanzas a retomar sus habituales contactos comerciales con los lugareños. Estos habían sido permitidos por los elfos para facilitar la supervivencia del poblado, en grave carestía. El gobierno de la Gorgona, ante una crisis de imagen por haber dejado en la estacada a la población, tampoco se podía permitir el lujo de prohibirlos ante el riesgo de provocar tumultos, además del edicto real que garantizaba el libre tránsito de personas y mercancías hacia y desde Fungarest. Finalmente, un año más tarde el Consejo de los Nueve decidió otorgar su aprobación al establecimiento de la colonia humana a la que sus habitantes bautizaron Tritón en recuerdo de cómo se habían salvado por el agua. Dado que no era una ciudad élfica, se determinó que las tres más cercanas (Sirdal, Ardanea y Nelfiras) fuesen las encargadas de su tutela y protección. No obstante, a imagen de las ciudades élficas se invitó a los humanos a formar un Consejo que los dirigiese y se encargase de la administración de la ciudad a la par que se les asignaba una guarnición del ejército elfo para su protección. A los pocos años el tránsito comercial se había incrementado considerablemente y productos humanos continuaban hasta ciudades élficas del interior mientras el vado de las lanzas y la ruta de Tárrenar se convertía en un importante paso de caravanas. En la actualidad Tritón es un próspero centro de caravanas que distribuye comercio por toda la parte oriental de Fungarest. Está dirigido por un Consejo local a la manera de las ciudades de los elfos y al igual que en estas los diezmos recaudados se asignan en nueve partes al propio pueblo y una es enviada a Anad-Sel para financiar al conjunto de Fungarest. Aunque técnicamente no tienen capacidad de decisión propia y deberían someter cualquier reglamentación importante al criterio de las tres ciudades tutelares, en la realidad los elfos conciben cualquier enclave como autónomo en sus propias decisiones y no han interferido con las decisiones del Consejo local. Dado que la población de Tritón tiene una importante porción élfica (dos de los Consejeros son elfos) que convive en perfecta armonía con la parte humana mayoritaria, se está debatiendo en el Consejo de los Nueve el reconocerles el estatus de población independiente, como a cualquier villorrio élfico con una décima parte de la población. No obstante este asunto está muy cargado políticamente debido a los intereses enfrentados de Sirdal, Ardanea y Nelfiras que hace que se mantenga el status quo. El hecho de que en Tritón se haya afincado recientemente un comerciante thrain no hace sino aportar más leña al fuego… al igual que el hecho de que la población élfica de Tritón lo haya permitido.