El Deseo

 La estancia permanecía en sombras mientras la Dama del Atardecer escrutaba el destino de la Archimaga Arian. La hechicera había consumido su alma y la de sus asistentes para comenzar el ritual que alzaría el Muro de Fuego como una barrera impenetrable por donde la Oscuridad de los ejércitos de la Dama nunca más podría atravesar. Con aquel ritual se había encendido la mecha de fuego que el resto de magos de la Cábala necesitaba para comenzar a arrojar sus hechizos de fuego contra la madera de los árboles centinela que descansaban en la profunda boca de los enormes calderos de Acero Incógnito de los thrains.

La señal había sido dada y la Cábala respondió al unísono, desplegando un poder tan grande que hizo estallar la frontera en una marea de llamas escarlata. La rabia y el odio de la Dama no podían ser más grandes, ahora que su recompensa se escapaba entres sus dedos cuando estaba tan cerca de alcanzar la victoria.

- ¡Noooooooooooooooo! - rugió con frustración y sus asistentes huyeron despavoridos presas del pánico y del poder que rodeaba la figura de su señora. 

Algunos de ellos no fueron tan afortunados y cayeron inertes al suelo sujetándose el cuello ya que una presa invisible les atenazaba.

De inmediato, aquellos pobres infelices exhalaron el alma y una nube espesa como aceite quemado se arremolinó entre los cuerpos. La criatura que se materializó no era más grande que una niña de catorce, a pesar de que su edad no superaba los dos años. El rostro de la criatura estaba cubierto por media máscara de ónice negra como la noche, aunque no se diferenciaba mucho de su piel de azabache, pues pertenecía a la raza de los ogros.

- Nos habéis convocado, y nos habéis alimentado con las almas que nos ofrecéis y vuestra frustración. Hemos sentido vuestra impotencia y acudimos. - dijo la criatura con una sola voz, a pesar de que hablaba por muchas.

- No os he convocado Medianoche, podéis retiraros... - respondió la Dama, visiblemente trastornada ante la presencia de aquel ser.

- Y sin embargo, la Diosa nos envía a Vos... Tragaos vuestro orgullo, Dama. ¿Qué os aflige?

- ¡La victoria estaba a mi alcance! ¡Soy la Elegida de la Diosa! ¿Cómo es posible que la Bestia haya escapado de las cadenas de Acero Incógnito que mis gigantes sujetaban? ¡Maldito sea Inki y toda su estirpe! ¿Es que los oráculos se equivocaron, es que acaso la corona del Viejo Rey no debería descansar sobre mis sienes? 

- Todo a su tiempo, Valeria, sois humana después de todo...

- ¿¡Cómo os atrevéis a utilizar ese nombre y comparadme con la chusma mortal!? ¡Soy la Dama del Atardecer, criatura del abismo! - cortó en seco el discurso de la ogresa.

- Nos atrevemos, porque de un modo u otro sois mortal, aunque Ellas os mantendrán joven. Acudimos a vos por mandato de la Diosa. En apenas unos días las Tinieblas llegarán hasta ese Muro de Fuego. Y ahí se detendrán. Soportad los últimos amaneceres de las tierras que ahora os pertenecen, sin olvidar cuál fue la razón de que la Diosa os enviara a ellas. 
La Diosa reclama su Deseo.

-    La Diosa tendrá el Cuerno, que no te quepa la menor duda.

La Dama guardó un hiriente silencio mientras esbozaba una mailiciosa sonrisa.-