El guerrero oscuro
“¿Por qué nos hemos detenido?”
“No podemos seguir, el vado del riachuelo está bloqueado por un guerrero”. Elcomerciante abandonó la trasera del carro, orondo, resacoso, mal encarado y sucio. Apartó al jefe de su escolta de un manotazo y se dirigió al riachuelo. “¿Qué pasa aquí, qué es este sindios, quién te da a ti permiso para no permitirnos el paso, este es un camino del rey, este es un camino libre, este es nuestro camino al mercado así que ya estás echándote a un lado que vamos retrasados. ¡Retrasado!”
El caballero miró al sucio comerciante. Sin mediar palabra, sin retirar su yelmo, avanzó un par de pasos y cruzó tremendo bofetón con la mano abierta. El comerciante mordióel polvo y rodó sujetando su nariz, llena de sangre. Se puso en pie como pudo y llamó a gritos a sus escoltas. El jefe de la escolta torció la cara para que nadie viera su satisfecha sonrisa y se dirigió al caballero. “Hablad. Quién o qué sois. No somos nobles sino hombres del común y no conocemos de desafíos, caballerías ni otra majadería”. Elcaballero guardó silencio con los brazos cruzados sin dejar el paso libre del pequeño vado. El jefe de la escolta se mordió el labio. No le gustaba nada lo que estaba viendo. No reconocía la armadura, completa, oscura, lisa, no lucía colores ni enseñas, en su cintura una maza de simple acero sin adorno, en su espalda una capa negra no muy limpia. “Lucha es lo que queréis. Ya veo. ¿Alguien aceptará su desafío?” Miró a sus compañeros de la escolta que apartaba la mirada buscando en sus faltriqueras, repasando sus lanzas o palpando sus monturas. “Demos un rodeo, habrá otro vado, otro puente, otro camino” Susurró al sucio comerciante. Sujetándose su nariz, aún sangrando, dio grandes voces y la caravana comercial dio media vuelta y emprendió elcamino por el que habían venido. Pasaron unas cuantas horas, dieron el rodeo esperado, alcanzaron el puente que cruzaba el riachuelo. En medio del puente estaba elcaballero, con sus brazos cruzados, su yelmo completo, su negra capa, su peligroso silencio. “Esto no me gusta nada. Ha debido seguir el curso del riachuelo, ha debido de estar observándonos. En marcha todos, avanzaremos rápidamente de nuevo hasta elvado”. El jefe de la escolta respondió: “Eso no solucionará nada, los carros son más lentos que un hombre a pie. Volverá a estar sobre el vado cuando lleguemos”. Elcomerciante perdió los estribos de forma que sus gritos también llegaban hasta eloscuro caballero. “¡Matadlo entonces, matadlo sin contemplaciones, tenéis caballos, tenéis lanzas, sois doce, por el amor de todo lo sagrado, dadle su merecido!”. Elexperimentado guardia de caravanas se mesó la barba rala. “No me gusta nada esto. Aquí hay algo turbio, no es un simple guerrero, ni un verdadero caballero. Esto me huele mal, muy mal, he oído leyendas”. Con sorprendente velocidad el gordo comerciante le sacudió gritando “¡Para esto os pago, para esto malditos seáis todos, os pago para defenderme de los bandidos, los problemas, las fieras, los caballeros que se paran delante de nuestros carros can ganas de joder la marrana, los dragones y la madre que los parió a todos ellos! ¡matadlo, dejadlo inconsciente, atadle, ahogadlo enel puto riachuelo, si no llego a tiempo al mercado no podré vender mi maldita mercancía, atacadle ya, joder!” El viejo guerrero le apartó de sí de un manotazo. Reunió a sus muchachos y les habló en voz baja, gesticulando y marcando la estrategia.
Doce jinetes avanzan por el puente. En fila de a tres, la lanza en ristre los primeros, con su jefe a la cabeza, embisten al oscuro caballero entre gritos y relinchos. En cuestión de segundos la maza de acero vuela al puño del oscuro defensor, golpea una lanza y desvía su trayectoria, golpea la pata de un caballo que cae cojo con la rodilla destrozada, golpea por último la cota de malla del tercer lancero derribándolo del caballo. Los demás se paran ante la barricada de cuerpos, dudan, retroceden, mantienen la distancia del rápido guerrero acorazado. El líder de la escolta, con su caballo cojo se sacude el polvo y se retira con sus muchachos. Esto no debería haber pasado. Ese caballero es demasiado rápido, fuerte, no es normal. El guerrero patea al caballo herido, cuelga su cabeza sobre el puente y empuja sus cuartos traseros hasta que el caballo cae al riachuelo. Los miembros de la caravana no caben en su asombro.
En pocos minutos están en camino. Divididos en dos caravanas menores, cada una en una dirección. Una a la cabeza del magullado jefe de la escolta, la otra encabezada porel mercader. Pocas horas después encuentran el vado. Pocas horas después encuentranel otro paso. En todos está el caballero con los brazos cruzados. Sin entablar combate desandan el camino hasta reencontrarse. Cruzan unas pocas palabras. Deciden retroceder por el camino. De nuevo a casa, olvidado el mercado, la ganancia, el dinero. Alejarse del guerrero, olvidar todo lo sucedido.
Un silencio sepulcral acompañaba a la caravana. Los guardias susurraban entre ellos, los conductores de carro golpeaban nerviosos a sus bueyes. El comerciante observaba al líder de los guardias mientras apremiaba al primer carro. “Esto apesta a oscuridad. Esto apesta a brujería”. “Guardad silencio, mercader, estamos lejos, muy lejos del muro de fuego. Lejos de la oscuridad y sus secretos”. “Y sin embargo el mal ha exterminado aldeas enteras en las comarcas y las ciudades interiores. Monstruos habitan las oscuras cavernas y hechiceras seducen a los jóvenes nobles en los lupanares de la misma capital”. El guerrero escupió. “Que Destus nos proteja. Mira tú a ver si yo estoy loco”. Delante de la caravana, cerrando el sendero, con los brazos cruzados aguardaba el guerrero oscuro.
El miedo se apoderó de todos. Carreteros y guardianes por igual dieron vuelta a sus carros y monturas y volvieron, una vez más, por donde habían venido. Otro caballerooscuro, con la misma armadura, la misma maza, la misma postura, cerraba la retaguardia.
De entre los árboles salieron ocho guerreros oscuros más. Todos los humanos se paralizaron. Un instante más tarde los guerreros oscuros atacaron, esta vez matando con sus mazas, hasta el último guerrero, carretero y montura. Y sin detenerse ni al saqueo emprendieron de nuevo su camino, ya sin observadores, llevando en las manos los oscuros yelmos, dejando que la luz del sol tocase sus brillantes cabelleras, sus hermosos rostros, sus puntiagudas orejas de elfo.
Autor:Emilio Angulo Germán (Eleazar)
Primer premio del I Concursos de Relatos Incognitos


