Kit el Gusano

 Kit el Gusano  

Mirad, yo os cuento las historias que haga falta pero mi boca está seca, mi garganta polvorienta. La cerveza es lo mejor para un relato de aventuras, héroes y damiselas, el suave vino de Fungarest me va bien para hablar de amor, de magia, de intriga. Sí… Eso es, vino y cerveza, la mejor combinación posible. Esta es una taberna llena de gente inteligente que sabe apreciar lo que es bueno, ya os he contado otras historias, sí, y de las buenas, de las que dan pesadas monedas de metales preciosos y buen vino, buen cordero, buen lecho y un buen par de melones. ¡Eh, no me golpees la cabeza, es ahí donde guardo las historias! Vaya con la tabernera… ¿Acaso quiere dejarme sin la herramienta con la que me gano la vida?

Bueno. Muy bueno este vino, sí. ¿La historia? Ya, ya, la historia, id a mear y pedid vuestras bebidas, no pienso detenerme a mitad del relato. Esta historia es de las buenas, esta historia cuenta de Kit el Gusano. Sí, sí, Kit el Gusano, el mediano. ¿No habéis oído hablar de él? ¿Del mejor ladrón que jamás existió? Kit el Gusano descubrió bien pronto las ventajas de ser pequeño y delgado. De tener las manos a la altura de las bolsas de monedas de los enormes humanos, de lo idiotas que son los constructores de fortalezas y los obreros que ponen los barrotes de las celdas con la separación justa para que no quepa la cabeza ¡de un humano! Kit se reía cuando le metían en los calabozos de la vieja Aldaria, se moría de la risa cuando los taberneros veían desaparecer las botellas de las barras de sus tabernas, cuando los verdugos intentaban acertar en su pequeño cuello… Bueno, eso último no, pero seguro que habría sido digno de ver, ¿eh? ¡Como que menuda tontería! ¡Tú si que eres una tontería con patas! Kit el Gusano fue el padre de los ladrones. El creador del arte de la baraja, del corte de la bolsa, del empujón con sorpresa. En aquellos tiempos los medianos no contaban ni para cometer delitos. Nadie los miraba dos veces. Nadie los tenía en cuenta. Todos subestiman a la gente pequeña, piensa que son obesos pasteleros, obesos caravaneros, obesos granjeros. Se olvidan que hay timadores, vagos, ladrones y santos de todos los tamaños. Sí, incluso elfos y enanos tienen a su propia gentuza, sí, créeme, yo he conocido a más de uno y más de cien… Lo que no he conocido es a un elfo o enano honrado pero aún no he perdido la esperanza. ¡No refunfuñe usted tanto, señor herrero enano! Todo el mundo sabe que sus espadas y herraduras cuestan diez veces más de lo que valen, y no me haga pedirle al resto de parroquianos que me den la razón porque es el único herrero que tenemos en el pueblo y con usted nos conformamos. ¿Lo veis?, ya os lo decía yo. En fin, lo que iba diciendo.

Resulta que Kit el Gusano, mediano y todo él, cometió los robos y delitos más famosos de su época. Sí. Kit penetró en el santa sanctorum de los rojillos hechiceros saltando de trampa mágica en trampa mágica, dicen que se llevó los secretos para apagar las llamas del muro de fuego y la fórmula para enamorar a toda mujer. También cuentan que Kit robó la ropa interior de la reina de los elfos… Y la del rey de los enanos, que estaban bajo la cama que compartían desnudos una vez que coincidieron en su visita de rigor al viejo Rey Táladas. ¿Cómo que mentiras sin fundamento, como que no hay rey de los enanos ni reina de los elfos? ¡Yo he comido en la mesa de la reina de los elfos, he dormido en los dormitorios privados del rey de todos los enanos, he cabalgado junto al emperador de los sjoolgaard y vencido, en un duelo de ingenio, claro, al mismísimo gran visir de los máscaras de marfil! Cooooño. ¡A ver si me vas a discutir tú, Don Boñiga de la Azada, que no has salido jamás de tu granja endogámica donde cultiváis bastardos retrasados! En tu vida has ido más allá de la distancia de un escupitajo de tu casa, hombre ya, por todos los dioses… ¿Por dónde iba yo? Tal vez más bebida me ayude a recordar… Algo más fuerte, más poderoso… Sí, eso es, esta aguamiel está de muerte, sí señor. ¡Pues bien! Kit el Gusano fue el ladrón más grande que jamás ha existido… O el más pequeño, para el caso es lo mismo. Dejémoslo en que fue el más hábil, valiente, ágil, escurridizo y manilargo que jamás existió. Se ponía guantes en las manos y los pies. Se ponía zancos para pasarse por un humano con una túnica larga. Se metía en el carro de un bebé o en la cestita de un gatito disfrazado para que los propios dueños le metieran en sus casas. Una vez se coló en un palacio escondido dentro de un esturión. Otra trepó por el conducto de la porquería que empezaba en las letrinas de una torre de hechicero. Sucio sí, pero con todo lo que robó se pudo comprar mucho perfume… Que en realidad robó en la primera botica con la que se cruzó. ¡Más aguamiel, tabernera, que estoy seco! ¡Hum, qué maravilla! Pues sí. Pero por lo que Kit el gusano pasará a la historia es por robarle la virginidad a la hija del gran Duque de… No. Mejor no diré su nombre. Que cada perro se lama su pijo, no quiero acabar en las mazmorras de nuestro señor Duque del único cuerno en la frente por mancillar el buen nombre de sus antepasados… Aunque no os extrañe que sea tan bajito él y sus hijos, algo de sangre mediana… ¿cómo que la sangre de los humanos no puede mezclarse con la de los medianos? ¿Cómo que es como cruzar cerdos con ovejas? ¿Lo has probado? ¿Te lo has montado con una mediana o una enana? ¿Has sido acaso capaz de preñarlas, tú, impotente pene deforme y ridículamente pequeño? ¡No vuelvas a interrumpirme, joder, y tráeme más aguamiel, hidromiel o lo que sea! Eso es. ¡Qué manera de servir en esta taberna! Las jarras tienen grietas y agujeros y se vacían antes de poder ni mojarse los labios. En fin, Kit el Gusano, el mejor y más famoso mediano que jamás existió, se introdujo en la fiesta de la puesta de largo de la hija primogénita de la casa del unicornio escondido en un pastel de crema. Luego se arrastró por las ratoneras del palacio, subió hasta los ganchos de las lámparas y las antorchas, avanzó un trecho andando con chulería entre las piernas del camarero mayor, y se coló en las habitaciones de las doncellas dentro de las bandejas del desayuno de la damita. Y allí la encontró en su enorme cama con dosel. Tan virginal, tan apetitosa. Allí mismo la despertó usando sus manitas, su lengüita, todas sus pequeñas, ágiles y flexibles cositas. Y la hija del duque aprendió las maravillas que un mediano puede hacer de la mejor manera posible.

¡Oh, sí! Amigos parroquianos. ¡Ah, sí! Decía la damita. ¡Qué pequeña! Decía. ¡Pero qué juguetona! Jamás había sentido nada igual, jamás volvería a sentir nada mejor. Y créeme que lo intentó con ahínco. Pero sus gritos alertaron a la guardia y media familia, duque incluido, que entraron en el dormitorio de la princesita en su auxilio. Pero Kit ya los había oído venir y estaba escondido entre las enaguas de la muchachuela. Delante de la duquesa le pusieron encima las faldas, capas y capas de faldas, como corresponde a una dama de su alcurnia en su puesta de largo. Y Kit se agarró como una garrapata, como una ladilla sobredimensionada a los muslos de su muchachita. ¡Cómo se agarró, amigos! La damita apenas podía mantenerse en pie. A cada paso Kit jugaba con sus deditos y sus manitas. A cada paso la duquesita sentía nuevos placeres. Asistió en éxtasis a la ceremonia de su mayoría de edad. Bailó como sobre nubes del brazo del futuro señor de la casa del Grifo, cenó deliciosas viandas mientras sentía entre sus piernas delicias infinitamente mejores. Colorada y distraída, como drogada, mordiendo sus labios cada pocos minutos. Kit estaba agotado. Kit estaba a punto de resbalarse por la pierna de su damita cuando por fin la enviaron a la cama. Seis semanas estuvo escondido el Gusano en las habitaciones de la chica hasta que al fin salió en busca de aire y para recuperar las fuerzas, esa chica era insaciable, joder.

 

Autor: Emilio Angulo Germán (Eleazar)
Tercer puesto en el I Concurso de Relatos Incognitos