La Colina de los Reyes
Rapaz y Mochuelo brincaron la verja del cementerio, vigilando que nadie les estuviera observando. A los dos muchachos les gustaba recorrer la soledad de los mausoleos y criptas, sin más compañía que el suspiro paciente de Kermus ante su travesura, oculto en el viento sibilante. Mochuelo siempre había sido un muchacho obediente y disciplinado, aunque la influencia de su nuevo amigo Rapaz le había abierto al mundo de la curiosidad por lo prohibido. Ambos tenían apenas diez años, venían de buenas familias y habían estudiado juntos en la escuela con muy buenos resultados. Eran intelectos brillantes, según sus maestros, aunque con dos maneras muy diferentes de ver la vida. Dos promesas de futuro para la regia ciudad de Aldaria.
“Por aquí, Mochuelo. Nunca hemos explorado la Colina de los Reyes, y tiene los monumentos más grandes”, dijo Rapaz mientras guiaba la escurridiza y furtiva marcha. “Aprovechemos para conocerla ahora que no hay nadie por aquí…”
“Queda menos de una hora para que anochezca, Rapaz. Eso de ahí es precioso, eso seguro, puesto que son los mausoleos reales, pero no deberíamos entretenernos demasiado…”
El juego de exploración llevó a los pequeños ante las más bellas sepulturas de todo el Viejo Reino. Al detenerse a admirar cada una de ellas, ambos pequeños aprovecharon para recordar las lecciones sobre los difuntos monarcas de la historia, y entre los dos repasaron casi 300 años de historia de la Gran Casa Real. “Ese de ahí es Táladas II.” “Pues creo que este es Godric V… No, Godric VI…”
Sin darse cuenta, el sol comenzó a desaparecer tras las murallas al oeste. Para cuando los muchachos se decidieron a regresar, ya había caído la noche. Pero la luz de una antorcha les alarmó, haciendo que corrieran a esconderse tras la tumba de la reina Aldaria III. Desde su escondite vieron pasar una figura lenta y encorvada, y respiraron aliviados por no haber sido descubiertos. La figura, lenta y achacosa, portaba tres ramos de flores. Emocionados por el juego súbitamente convertido en una misión de espionaje, decidieron seguir a la anciana para ver lo que hacía, mientras discutían sobre quién podría estar trayendo flores a la Colina de los Reyes.
La anciana se detuvo sobre una tumba de la realeza, y se inclinó con cierta ceremonia para entregar el primero de los tres ramos de flores, el más pequeño.
“¿Quién es la anciana? Desde aquí no veo la tumba…” susurró Mochuelo.
“Creo que es la de Godric… uno de los Godrics, no veo cuál, pero creo que es el Torturador. Es el que luchó para desenmascarar infiltrados de la Oscuridad… hace así como dos siglos y medio, creo.”
“Entonces es Godric VII”, apuntó Mochuelo, con su acostumbrada exactitud.
La anciana misteriosa se incorporó con enorme dificultad para proseguir su ruta, y los pequeños la siguieron hasta otra tumba, la que claramente rezaba el nombre de Táladas I. Ante ella depositó el segundo ramo, el mediano, y con su huesuda mano acarició la efigie en piedra del difunto rey.
“¿Táladas I? …ese fue el hijo de Godric VII…” comentó Rapaz. El juego de la anciana misteriosa avanzaba, y el enigma poco a poco iba ganando cuerpo. ¿Quién era la mujer, y dónde llevaba el tercer ramo?
La figura encorvada se alejó de la Colina de los Reyes por un estrecho sendero, hasta alcanzar una tumba mucho menor. Estaba algo apartada, aunque también era bella y estaba cuidada, aún sin ser tan regia como las de la Colina. La anciana depositó el mayor de los tres ramos con ternura sobre la tumba, se besó suavemente los dedos y acarició el nombre tallado de quien descansaba bajo la losa de piedra. Intrigados, Rapaz y Mochuelo tuvieron que esperar a que la anciana se alejase para poder acercarse a mirar el nombre. La figura se marchó tan lenta y misteriosa como había aparecido, abandonando el cementerio sin haberse percatado ni por un momento de sus acechadores.
Ya fuera de peligro y sin nadie en los alrededores, Rapaz dio un brinco para acercarse rápidamente a la tumba del gran ramo de flores, y descubrir el nombre que rezaba la piedra.
“Argos de Tarlia”, leyó el muchacho.
“¿Argos de Tarlia?”, repitió Mochuelo. “¡Lo conozco! ¡Y ya sé quién es nuestra anciana misteriosa! Argos es el fundador de Édalis, me lo explicó el maestro Andrónicos. Hace cientos de años hubo una guerra en Tar en la que Argos luchó, una guerra que enfrentó a dos hermanos. Cuando los dos murieron, él convenció a los dos ejércitos para que no abandonaran el valle y fundaran la ciudad. Es una especie de héroe para la gente de la ciudad de Édalis, una figura de la reconciliación de los enemigos que se unieron para construir un futuro y convivir en armonía…”
Rapaz sonrió. “Suenas exactamente igual que el maestro Andrónicos, palabra por palabra. Pero entonces, ¿quién es la anciana?”
Mochuelo habló con pasión de su descubrimiento. “Es que Argos de Tarlia, años después, siendo ya casi un viejito, se casó con su amor de juventud cuando ella enviudó de su primer esposo, el Rey Godric VII. Ella fue la madre de Táladas I, y ha sido la abuela y nana de 7 generaciones de príncipes, pero nunca ha llegado a ponerse la Corona de los Reyes. Es la Vieja Yaya, que lleva viva casi 300 años.
¡Cierto! Rapaz había oído hablar de una anciana que siempre había estado junto a la familia real, pero que nunca había reinado, aunque había criado con dureza y exigencia hasta a siete príncipes, siendo el último de ellos el jovencísimo Táladas, que en el futuro se coronaría el Cuarto de su nombre.
“¿Y cuánto va a vivir esa anciana?” preguntó intrigado Rapaz. “Porque no es una elfa, ¿no?”
“No, para nada, es humana, aunque una humana muy longeva. Hay quien dice que llegará a vivir eternamente a este paso, aunque seguro que eso tiene que ser muy aburrido.”
“¿Aburrido? ¿Estás tonto, Raunoxias? ¡Vivir para siempre tiene que ser lo mejor del mundo! ¡Poder hacerlo todo y verlo todo, llegar a saberlo todo!”
“Pero eso es imposible, Rapaz. No hay nadie que pueda vivir para siempre, ni lo habrá jamás. Por mucho que quieras no va a pasar. Incluso la Vieja Yaya morirá algún día.”
“¿Imposible?” respondió Rapaz con el rostro iluminado. “Entérate bien, Raunoxias. ¡Como que me llamo Antígulat Marcio, que algún día encontraré la manera de vivir para siempre, aunque tenga que enfrentarme a la mismísima Diosa!"


