La Historia de Aldara

LA HISTORIA DE ALDARA

 

 

 

 

“Otro día más en Nelfiras. Mis padres nunca me han dejado salir más allá de las murallas de la ciudad, dicen que está lleno de peligros, que la Gorgona acecha en cada rincón del bosque y nunca se sabe cuándo atacará.

A mis 50 años, al inicio de la adolescencia y encerrada entre estas murallas.

Sólo me alegra la vida Hernán. Hernán es nuestro esclavo humano. Está con nosotros desde su infancia y se encarga de mi cuidado, ahora su edad está en los 23.

Siempre hemos sido muy buenos amigos y hemos jugado juntos…”

 

-¡Aldara!

 

La madre de Aldara gritaba desde la cocina. La pluma con la que estaba escribiendo cayó sobre el papel por el sobresalto provocando un borrón incorregible.

Lanzó un quejido de fastidio y corrió escaleras abajo.

 

Cuando llegó, su madre se hallaba al pie de la escalera con aire de preocupación.

 

-Aldara tu padre se marcha a luchar en Cristara, necesitan gente ya que la Gorgona ha atacado duramente la ciudad. Ve a despedirte de él, Hernán le está ensillando el caballo.

 

Una lágrima corrió por la mejilla de Aldara al oír esto; estaba muy unida a su padre, quien le había enseñado a montar a caballo, actividad que tanto le gustaba.

 

Cuando llegó a los establos, su padre esperaba paciente los últimos retoques por parte de Hernán para su caballo y alzó la vista en cuanto vio a Aldara.

Hernán también levantó los ojos tímidamente al otro lado del caballo para ver a Aldara.

 

-Padre, ¿realmente es necesario que acudáis a Cristara?

 

-Así es pequeña, las cosas se están empezando a poner difíciles y debemos ayudar a nuestros hermanos. Pero Hernán estará contigo, no te preocupes por nada, volveré antes de lo que esperas.

 

Aldara dio un beso en la mejilla a su padre y se quedó para verle montar a caballo y partir hacia un destino incierto.

Hernán se acercó a Aldara y le puso una mano en el hombro.

 

-No te preocupes, no tardará.

 

Aldara le miró y Hernán estaba sonriendo, le devolvió la sonrisa y se fue a su cuarto a continuar su historia.

 

“Quiero contarle a Hernán lo que descubrí hace unos días, pero ahora tengo miedo de que pueda pasar algo, aunque ahora las fuerzas de la Gorgona por lo visto están concentradas en Cristara… He descubierto una salida de la ciudad por la que podremos ir sin que nos vean, sería divertido salir y ver mundo exterior, mis padres son demasiado sobreprotectores…”

 

Hernán llamó a la puerta pidiendo permiso para dejar las ropas de Aldara en la habitación, esta guardó lo que estaba escribiendo y le dio el permiso.

Hernán entró con la cabeza gacha y dejo las ropas sobre la cama, cuando se disponía a irse Aldara le detuvo.

 

-Tengo que contarte algo…, cierra la puerta para que no nos oigan.

 

Hernán se sorprendió y esbozó una sonrisa de complicidad.

 

-He encontrado una salida de Nelfiras hacia el bosque, un  lugar por el que no nos verán. Pero deberemos salir de noche, cuando mi madre no tenga los ojos puestos sobre mí.

 

El rostro de Hernán cambió al estado de pánico.

 

-¿Y si nos descubren?, seguro que me condenan, yo debo obedecer a vuestra familia, ¿y si nos pasa algo en el bosque?- Las palabras se le juntaban todas mientras hablaba.

 

-Tranquilo, diré que te lo ordené yo si nos descubren. Será divertido y no nos pasará nada, la Gorgona ahora está en Cristara y las fuerzas de la Oscuridad no creo que se acerquen por aquí. Los elfos somos fuertes y la Diosa lo sabe.

 

-Está bien, ¿cuándo lo haremos?

 

-Esta misma noche, ¿para qué esperar?

 

Hernán se asustó un poco pero al fin y al cabo iba a ser una salida cortita, sólo para que Aldara viera el bosque.

 

A la noche salieron por un pasadizo abandonado que había encontrado Aldara, llegaba unos metros más allá de la muralla y se notaba la pérdida de su uso en las múltiples telarañas, ausencia de pisadas y dejadez en los muros.

Al salir Aldara vio  la luna enorme a través de las copas de los árboles, olía a césped mojado, el silencio los rodeaba y un sinfín de posibilidades de abrían en ese mundo antes desconocido para ella.

Jugaron al escondite, corrieron entre los árboles, persiguieron luciérnagas y se bañaron en el Río Rojo.

Cuando volvieron a Nelfiras estaban exhaustos, se despidieron y cada uno se fue a sus respectivas habitaciones; pero Aldara no podía dormir, demasiadas emociones. Sacó su papel y su pluma y comenzó a escribir.

 

“Acabo de regresar del exterior, ha sido maravilloso, el bosque es realmente bello a la luz de la luna, el agua del Río Rojo es mucho más fresca de lo que esperaba. El tacto del césped bajo mi cuerpo mirando al cielo, con esas copas de los árboles tan grandes. Y Hernán, estaba tan hermoso hoy… tan amable... y tan divertido... creo que, quizá…”

 

Un ruido de pisadas en la escalera, Aldara rápidamente metió su papel en su escondrijo y corrió a taparse con las sábanas cuando su madre entreabrió un poco la puerta para comprobar que seguía allí. No sería la primera vez que intentaba salir fuera. Se tranquilizó al verla respirar acompasadamente y volvió a cerrar la puerta.

Aldara rió entre dientes y se puso a dormir.

 

Pasaron meses y el padre de Aldara aún no volvía y las noticias sobre Cristara eran cada vez más desalentadoras, al parecer las fuerzas de la Oscuridad aprovechaban la oportunidad para atacar cuando estaban los bandos más débiles.

Hernán y Aldara seguía aún así saliendo cada noche, ya tenían un lugar predestinado, un claro cerca del río.

 

Una noche Aldara y Hernán se encontraban sentados junto al río disfrutando de la brisa cuando sus miradas se encontraron. Sus rostros se fueron acercando y terminaron fundiéndose en un beso.

 

-Aldara, siempre te he querido, pero no me atrevía a decírtelo, los tuyos no van a permitir esto.

 

-No me importa lo que me dejen o no hacer, sino no estaría aquí contigo. Siempre has estado a mi lado y ahora lo eres todo para mí, sé que ya no podría soportar el mundo sin ti.

 

Ambos sonrieron y volvieron a besarse, pero esta vez el beso era más apasionado, casi salvaje, poco a poco se fueron desprendiendo de sus ropas y terminaron yaciendo junto al río rodeados de luciérnagas y bañados por la luz de la luna.

 

Regresaron después a Nelfiras y se despidieron con un beso.

 

“No puedo creerlo, Hernán también me ama. Nos hemos besado, nos hemos unido en un sólo cuerpo, quiero estar con él para siempre. Le amo.”

 

Al día siguiente un emisario venido de Cristara llegó con una negra noticia a la casa de Aldara. Su padre había muerto en batalla y traían el cuerpo hacia la ciudad.

Aldara no podía creerlo, subió y se encerró en su habitación todo el día. Durante la tarde fueron llegando linajes amigos y enemigos del linaje de su padre para asistir al funeral.

 

Esa noche Aldara y Hernán volvieron a escapar y allí Aldara pudo desahogarse en el hombro de Hernán.

 

Un mes después la madre de Aldara le informó de una visita nocturna ese mismo día de un linaje amigo de la familia que cenarían con ellos. Hernán conociendo esto y sabiendo que no se requerían sus servicios ese día dejó una nota bajo la almohada de Aldara diciendo que la esperaría en el claro cuando acabara con la cena.

Pero ese día Aldara no pudo acudir. Por la noche su madre entró en su habitación y encontró todo lo que ella había estado escribiendo hasta la fecha, enfurecida la encerró en su habitación con llave y se fue a cenar con sus invitados.

Aldara descubrió la carta e intentó escapar pero le fue imposible.

 

Al día siguiente Hernán no apareció, Aldara pensaba que su madre habría ordenado que le detuviesen, pero no. Simplemente había desaparecido.

 

Pasó un mes y cada noche la madre de Aldara la encerraba en la habitación. Pero una noche Aldara consiguió huir, se había hecho con una cuerda y atada a la cama descendió por la pared y corrió al claro donde se encontraba con Hernán.

 

Cuando llegó no había nadie, sólo silencio. Descubrió que la luna hacía brillar algo en el suelo. Aldara se acercó para descubrir que era un anillo. Se derrumbó llorando en el suelo y decidió buscar a Hernán. Corrió sin rumbo a través del bosque cuando cayó tropezando con una raíz y oyó un ruido. Se agazapó cerca de un arbusto y cuando alzó un poco la vista entre él pudo ver algo horrible.

Una patrulla de seres de la Oscuridad, un máscara de ónice lideraba un ejército de máscaras de marfil sumisas tras él.

 

Aldara estaba aterrada, pero entre las filas reconoció algo.

 

Unos ropajes le eran familiares, un cuerpo, unas manos que habían recorrido su cuerpo, pero ahora su rostro era distinto, se había tornado en una horrible máscara de marfil.

 

Hernán.

Hernán había muerto y ahora estaba al servicio de la Oscuridad.

 

« Aquella noche aciaga Hernán esperaba ilusionado a Aldara en el claro. Se había hecho con un anillo que le había costado casi todos sus ahorros; no era un gran anillo, no era muy fastuoso ni muy caro, pero era todo lo que podía ofrecer.

Empezó a pasar el tiempo y la oscuridad le rodeaba y no había rastro de Aldara, ni una señal.

Comenzó a hacer frío y sus esperanzas empezaron a desvanecerse. ¿Por qué no había acudido? ¿Acaso se habría cansado de él? ¿Sabía cuales eran sus intenciones y había decidido no acudir?

De repente oyó un ruido, miró a su alrededor esperanzado por ver a Aldara, pero no aparecía, de hecho el ruido provenía de su espalda y el pasadizo quedaba hacia donde él miraba. Al descubrir esto se estremeció y se volvió.

No se veía nada.

Oyó otra vez el mismo ruido, esta vez por la derecha, era una respiración y unos pasos.

 

-¿Aldara?, ¿eres tú?

 

No pudo huir, no tuvo tiempo de reaccionar, una espada sobresalió de su pecho y sólo pudo pronunciar una palabra antes de morir.

 

-Aldara…

 

El anillo cayó al suelo y su cuerpo tras él. El máscara de marfil aún lo miraba con sus ojos vacíos. Detrás de él su amo y señor, un máscara de ónice gritó: “Tenebras álzate”. Y Hernán ya no volvió a ser él. »

 

El máscara de Ónice ordenó detenerse y acampar. Aldara se acercó al campamento y observó a Hernán, un simple muñeco en manos de la Oscuridad. Quiso llamarle pero no pudo pronunciar una sola palabra.

 

Cuando se dispuso a irse pisó una rama seca y todas las máscaras de marfil se volvieron hacia la oscuridad. Se dividieron para cubrir más terreno.

Hernán encabezaba la marcha y cuando se quedó solo descubrió a Aldara tendida en el suelo con los ojos horrorizados.

Este alzó la espada hacia el cielo dispuesto a clavársela a Aldara en el pecho.

 

-Hernán, soy yo. Hernán no pude acudir a nuestro encuentro, mi madre me encerró, Hernán despierta por favor, soy Aldara.

 

Cuando Hernán escuchó el nombre de Aldara se detuvo momentáneamente.

 

-Sí, soy Aldara. Por favor.

 

-No pue..do… huye Aldara…

 

Es todo lo que pudo hacer por si mismo Hernán, ya que cuando Aldara se levantó se abalanzó hacia ella provocándole un ligero corte en el brazo.

Aldara corrió entre los árboles mientras Hernán caminaba lentamente tras ella.

 

- Al… da…. ra…- Un chispazo de luz atravesó el cerebro de Hernán, se detuvo. Aldara notó que se había detenido y se acercó a él pensando que había vuelto a ser el Hernán que ella conocía. Hernán se clavó la espada en el vientre, la sangre manaba de él y cayó derrumbado al suelo.

Aldara corrió hacia él y le cogió entre sus brazos.

 

-No, ¿por qué?

 

-Al… da… ra…

 

Y la vida creada por la magia oscura huyó de su cuerpo. Ella se quedó así toda la noche, el resto de máscaras no les habían descubierto.

Aldara sabía por las historias que le contaban en su ciudad que un máscara de marfil puede volver a resucitar si el máscara de ónice así lo ordena, pero seguiría estando atado a su voluntad.

Con esfuerzo alejó el cadáver de allí y logró llevarlo al río. Allí Aldara se despidió por última vez de su amado echándolo al río.

Cuando se alejó, Aldara cogió la espada que portaba Hernán y la hundió también en su vientre.

 

-Amado mío ahora estaremos juntos…

 

Y en un último esfuerzo se tiró al río para ser arrastrada por él y reunirse con Hernán.

 

 

En Nelfiras nunca consiguieron saber la verdad de todo aquello, pensaron que Aldara había huido con Hernán. Su madre lloró su pérdida el resto de su vida.

 

No descubrieron que a veces el amor es más fuerte que la Oscuridad, no descubrieron la verdad y no supieron que ahora Hernán y Aldara estaban juntos en algún lugar muy lejos de allí.

 

 

FIN

 

Autor: Eva Gómez Mateos (Xenita)
Segundo puesto en el I Concurso de Relatos Incognitos