La Historia de Morzuk-Grak
Morzuk-Grak surgió cuando la Cábala Escarlata elevó el Muro de Fuego. Eso es lo que dicen todos los Orcos, y lo que los Humanos han querido creer. Y en cierto modo es cierto.
Morzuk-Grak no es sino los restos de lo que era Tornuk-Grak, el Último Reino de los Orcos, un territorio diez veces mayor a lo que ahora es el reino Orco, según cuentan los ancianos. Todo lo que queda de Tornuk-Grak son sólo leyendas, sueños de grandeza de un pueblo dividido por la acción de otras razas.
Sin embargo, el antiguo reino Orco es sólo un cúmulo de recuerdos en las mentes de aquellos que se aferran al pasado. El presente es Morzuk-Grak, o como lo llaman los habitantes del Viejo Reino, “las Tierras Salvajes”, y tan sólo hay una cosa que se mantiene constante en la historia de los Orcos el suficiente tiempo como para merecer la pena recordarlo: la Guerra Eterna.
La Guerra Eterna
Desde el nacimiento del mundo, según enseñan los sacerdotes y los ancianos, el pueblo Orco ha estado luchando sin descanso contra un cruel enemigo: Zárnir la Seductora y sus terribles sirvientes.
Los Orcos han luchado con magia y acero durante toda su existencia, han sangrado por cada palmo que se han visto forzados a ceder ante el avance impasible de la Oscuridad, por cada palmo ganado, y según cuentan los ancianos, no hay suficientes vidas para contar los grandes guerreros que han muerto en la Guerra.
Sí, los Orcos se enorgullecen de victorias contra Zárnir, e incluso aseguran que, de no ser por ellos, el mundo habría sucumbido hace ya demasiado tiempo. La guerra enaltece sus corazones, les da fuerza y coraje…
… Pero la noche llega a los corazones de los Orcos, y es otra guerra, la guerra sin armas, sin sangre y sin llanto la que les aterra. Cada noche, durante demasiado tiempo, la Oscuridad se lleva consigo a los Orcos más débiles o imprudentes. No sufren una dolorosa muerte, ni una enfermedad. Simplemente, desaparecen al amparo de la noche.
Esa es la peor de las guerras, la que tan sólo el fuego de Gráknur consigue vencer.
Desde que el mundo es mundo, los Orcos luchan con todas sus fuerzas, mantienen alejados a los ejércitos de Zárnir, ahuyentan a los enemigos de su raza y sus cráneos decoran sus hogares.
Pero hace ochenta años, algo pasó.
Los Humanos habían levantado un Muro de Fuego en las fronteras más alejadas de su reino, escondiéndose de la Oscuridad, e implorando a sus dioses que les protegiesen. Pero los Orcos jamás renunciarían a su Guerra.
Cuentan las leyendas que el Rey Groknag Garrarroja luchaba mano a mano con un ser sacado de los abismos de Zárnir, una sierpe de escamas tan oscuras como la propia noche, cuyo jinete, un terrible gigante cuya cara era la máscara de la muerte, dominaba a duras penas los movimientos de su montura. La lucha era dura, tres de sus Canes, sus guerreros más leales, habían caído ya, y la sierpe apenas parecía herida. Entonces, Ornuk Garrarroja, hermano del Rey y el favorito entre sus Canes acabó de un certero golpe con el jinete. Ornuk se apartó, tratando de evitar la caída del monstruo. La sierpe, libre de la firme mano de su jinete, gruñó con tanta fuerza que durante un instante, todo quedó en silencio. La respuesta no se hizo esperar: El Rey Groknag Garrarroja gritó al viento, implorando a Gráknur su fuerza… Y entonces en el suelo comenzaron a brillar unas runas, en el aire comenzó a oírse una voz demasiado dulce como para ser orca. El sol iluminó una construcción oscura, y sobre ella, varios Humanos que vestían túnicas granates invocaron su magia.
La sierpe reculó y el Rey Groknag Garrarroja bajó la vista al suelo. Durante sus últimos instantes de vida tan sólo pudo ver una cosa: un terrible fuego que levantó su cuerpo en el aire más de veinte metros de altura mientras lo consumía.
Los orcos que quedaron en el exterior del Muro de Fuego fueron asesinados aprovechando que bajaron la guardia, mientras que dentro del Muro, el resto de Orcos observaban impotentes la carnicería.
El Alzamiento del Muro
Los Orcos son conscientes de que el Muro otorgó la protección y tranquilidad que otras razas más débiles necesitaban, pero no lo consideraban más que un engaño de Zárnir para apagar el fuego de sus corazones. Desde que el mundo es mundo, la Oscuridad ha ido engullendo uno a uno todos los reinos conocidos, dividiendo los pueblos y las razas, corrompiendo lo que existe. Condenando a todos al Olvido.
Y los Humanos, la raza más débil de todas, fueron los que permitieron el engaño. Inseguros, cobardes y débiles, se aliaron con los magos del fuego, la Cábala Escarlata, e ignorando cualquier distribución del territorio que no fuese el suyo, levantaron su muro, llevándose consigo al Rey Groknag Garrarroja.
Durante cuatro días y cuatro noches, los Orcos guardaron duelo por su Rey. Tras él, el Rey Ornuk Garrarroja se alzó de entre los Canes para guiar una vez más al pueblo Orco. El Rey perdonó a los Humanos su insensatez, y recordó al pueblo Orco que sus enemigos eran los siervos de Zárnir, no los hombres y mujeres del Viejo Reino. Ordenó incursiones más allá del Muro, ya que Gráknur, verdadero poseedor del fuego, abriría los muros para ellos.
Fue así como, gracias al poder de sus sacerdotes, se descubrieron los últimos vestigios de Tornuk-Grak: los Clanes más allá del Muro. Apenas cuatro caudillos mantenían sus clanes vivos tras el gran ataque de la Oscuridad y el Alzamiento del Muro, sin un lugar al que retirarse cuando la batalla estaba perdida.
Targruk Rocaazul, Krinthak Manoardiente, Grumzar Devoraleyendas y Drogtar Matasombras se reunieron con el Rey Ornuk Garrarroja y llegaron a lo que desde entonces se conoce como el Acuerdo del Muro. En él, los caudillos se comprometían a seguir luchando contra la Oscuridad, como los Orcos debían hacer, y buscarían una forma para acabar con su enemigo. Reconocían la autoridad del Rey, quien se comprometía a no cesar los ataques a Zárnir y a sus siervos, pese al muro. Cada año, cuatro mil de los mejores guerreros Orcos atravesarían las fronteras del Muro para no regresar jamás, y se unirían a sus clanes. Estos Orcos serían conocidos como “Hijos del Fuego”, y se grabaría en el brazo del arma el año en el que lo abandonaron todo para alcanzar la gloria.
La desaparición del Clan Devoraleyendas
Nadie sabe lo que ocurrió en el decimoquinto año tras el Muro de Fuego. Se dice que la sierpe que luchó contra el Rey Groknag Garrarroja y había huido libre de sus cadenas engulló a todo el Clan. Otros dicen que Zárnir corrompió al Caudillo Devoraleyendas. Los más supersticiosos afirman que de la noche a la mañana, todo lo que allí se encontraba había desaparecido.
Tan sólo había una cosa en la que estaban de acuerdo. Los Devoraleyendas no estaban.
Los Reyes Orcos
Hasta donde alcanza su memoria, los orcos siempre han tenido un Rey que unía las tribus. Sin embargo, quizá por el orgullo de esta raza o tal vez por sus ansias guerreras, no todos los Reyes son igualmente recordados.
Según los orcos, existen dos tipos de Reyes, los llamados "Reyes Rojos" y los conocidos como "Reyes Grises".
Los primeros son más afines a Gráknur, y como tales, son poco más que Reyes guerreros, Reyes cuya principal función es dirigir una guerra y conseguir que Morzuk-Grak se mantenga estable mientras luchan. Estos Reyes delegan más en sus consejeros, lo que da más protagonismo a otros Caudillos dentro del reino y por tanto, menor control en el mismo, según se comenta entre los Jefes. A cambio, los monarcas tienen el respaldo de su pueblo por lo que los Caudillos tienen menos poder, al disponer el Rey de los clanes a su voluntad. Por supuesto, esto no significa que los clanes estén subyugados al poder real, sino que la figura del Rey recuerda a los héroes de leyenda de los Orcos, y muchos ven en él una inspiración, una figura a imitar y a seguir.
En el otro extremo se encuentran los Reyes Grises, quienes son más afines a Tórgrum y suelen dedicar sus esfuerzos más al reino y menos a la guerra. Se limitan a cuidar de que Morzuk-Grak no se debilita internamente mientras mantiene el frente de más allá del Muro, mejoran infraestructuras y abastecen al pueblo Orco de reservas. Durante sus reinados, la Guerra Eterna se sigue luchando, pero apenas se producen grandes batallas.
Mientras estos Reyes gobiernan, los Caudillos Orcos adquieren mayor relevancia en la política Orca, hacen sus propias guerras y cada uno se enfrenta a la Guerra Eterna a su manera, sabiendo que no contará con el apoyo del Rey. La única responsabilidad de los Caudillos para con el Rey es acudir a su llamada en caso de que éste le requiera, además aportar recursos al reino.
Pese al poco tiempo que lleva el Muro de Fuego en pie, ya ha habido muchos Reyes sentados en el Trono Rojo. Los más importantes para los Orcos, sin duda alguna fueron los siguientes:
Rey Groknag Garrarroja (-2 M.F. al 3 M.F.)
Se le considera el primero de los Reyes tras el Alzamiento del Muro, aunque su muerte se produjo precisamente en ese momento. Es recordado como uno de los mejores guerreros de la historia de los Orcos.
Rey Ornuk Garrarroja (3 M.F. al 7 M.F.)
Realmente el primer Rey de los Orcos tras el Alzamiento del Muro de Fuego. Es el Rey recordado con mayor respeto entre todos los Orcos, ya que fue quien firmó el Acuerdo del Muro. De él se dice que murió luchando, tratando de encontrar una forma de unir de nuevo a Tornuk-Grak.
Rey Fragtar Forjanegra (36 M.F.)
El Rey Fragtar Forjanegra es conocido por los Orcos como el Rey Infame. Realizó un ataque sobre la provincia de Brelia, en el Viejo Reino, dando la espalda a la Guerra Eterna, con la excusa de alcanzar las provincias interiores y conseguir un mayor territorio para alimentar a sus ejércitos. Sin embargo, el Rey Fragtar fue rápidamente eliminado por su propio hijo, Draknag Forjanegra, y su cabeza enviada al Viejo Reino como señal de disculpa. Jamás se recibió contestación, pero el Rey Táladas no llegó nunca a movilizar sus tropas.
Reina Krinthak Hachasangrienta (45 M.F. al 55 M.F.)
Una de los monarcas más poderosos de los Orcos, y la que más tiempo se ha mantenido viva desde su nombramiento. Consiguió por primera vez que los Clanes más allá del Muro pudiesen extender mínimamente sus tierras, haciendo retroceder a la Oscuridad. Por desgracia, Zárnir regresó con violencia, y temiendo volver a la situación vivida en los tiempos del Rey Morthram Hachasangrienta, la Reina Krinthak Hachasangrienta se alió con sus vecinos Sjoolgaard, un pueblo mucho más receptivo que el Viejo Reino, para luchar contra la Oscuridad.
Rey Drognuk Milcráneos (76 M.F. hasta la actualidad)
El actual Rey de los Orcos fue elegido tras la muerte de su padre, ya que se esperaba y aún se espera de él que lleve a cabo el sueño del Rey Zorgam Milcráneos. Se dice de él que es un monarca sabio y comedido en su gobierno. Otros dicen que simplemente no se preocupa por nada ni por nadie, y que delega en sus consejeros la tarea de gobernar el Reino. Aunque en cierta medida ambos rumores son ciertos, la verdad es que los asuntos de gobierno fluyen sin problemas graves.
El Rey Milcráneos es admirado por todos los Orcos, ya que tras varias generaciones de Reyes en el Trono Rojo, el Rey Drognuk ha vuelto a liderar los ejércitos de Morzuk-Grak como deseaba su padre, devolviendo el ansia de gloria a todos los Orcos. Además, a un nivel diplomático, ha firmado alianzas con el pueblo Sjoolgaard, y se rumorea que pretende acercar posiciones con el hasta ahora silencioso Rey Táladas.


