La Religión en Morzuk-Grak

La religión es uno de los mayores pilares de la sociedad Orca. Desde su nacimiento, los Orcos escuchan las leyendas de su raza, y reciben el conocimiento sobre los dioses y sus enseñanzas.

Los Orcos afirman que son la primera raza que habitó el mundo, fruto de la combinación de la esencia de los dioses Padre y Madre - Gráknur y Tórgrum -, y al sacrificio del dios Hijo - Fángruk.

Además, los Orcos creen en la reencarnación. Tórgrum, en su grandeza, les permite vivir una y otra vez para hacer frente a sus enemigos, y sólo cuando un Orco no pueda seguir sirviendo a los dioses será enviado de nuevo al Fuego de Gráknur.

A grandes rasgos, la religión Orca propone una forma de vida inclinada al Honor y la Gloria, así como la protección del mundo de la corrupción de la Oscuridad. Desde que el primer mortal puso un pie en el mundo, éste se encuentra en guerra, y los Orcos son los elegidos para acabar con ella. Por ello, cuando el resto de pueblos ha buscado un refugio tras los muros de la Cábala Escarlata, los Orcos han seguido luchando sin tregua. Es su Guerra Eterna, que finalizará cuando Zárnir abandone el mundo y arda en las llamas de Gráknur.

Los Dioses Orcos

Existen cinco dioses en la religión Orca. Gráknur y Tórgrum, los dioses padre y madre; Fángruk, el hijo, tal vez el más querido entre los Orcos, y Grinz, el anciano, al que los Goblins adoran y al que los Orcos ofrecen sus respetos. La quinta diosa es Zárnir, la seductora, a la que ningún Orco en sus cabales rendiría pleitesía.

Gráknur, el dios Padre.
Gráknur es un dios pasional, rápido en la furia y lento en el perdón. La guerra es su entorno favorito, y enfatiza su poder destructivo en ella. Sin embargo, Gráknur también es un dios bondadoso, y ofrece su fuego para calentar el hogar y alejar la Oscuridad, y los animales para que los Orcos demuestren su valía y se alimenten.

Por todo ello, Gráknur es venerado por su furia, y la guerra, y el fuego y la caza son de su agrado.

Gráknur es el esposo de Tórgrum, padre de Fángruk y amigo de Grinz, así como el dios que más odio siente hacia Zárnir. Es considerado el padre de los Orcos, pues su esencia se encuentra en el corazón de todos ellos.

Sus fieles le rezan con fervor, y todos los Orcos le rinden culto durante el Kar-Gráknur, el día en el que el sol vence por más tiempo a la Oscuridad.

Los sacerdotes de Gráknur son poderosos lanzadores de conjuros, y desde su aprendizaje se enfatiza el uso del fuego como arma. Son por tanto muy respetados, y ver aparecer a uno de ellos en una batalla es sin duda uno de los momentos más alentadores para un Orco.

Tórgrum, la diosa Madre
Tórgrum es una diosa protectora, prudente y misericordiosa, el contrapunto perfecto a Gráknur. Sin embargo, no por ello es menos temible, pues la propia tierra obedece sus deseos, y si bien es lenta en la ira, su resolución es terrible.

Las atenciones de la Madre se centran fundamentalmente en la familia, la recolección y la protección, apreciando los pequeños detalles del día a día y regocijándose en el crecimiento de sus hijos.

Tórgrum es la esposa de Gráknur, madre de Fángruk y amiga de Grinz, la mayor de los enemigos de Zárnir. Es considerada como la Madre, pues de su esencia nace el cuerpo de todos los Orcos.

Sus fieles le rezan con fervor, y todos los Orcos le rinden culto durante el Kar-Tórgrum, el día en el que la Oscuridad se impone por más tiempo al sol.

Los sacerdotes de Tórgrum son calmados y cercanos. Suelen ser los más queridos por el pueblo en épocas de paz, y sus consejos suelen ser tenidos muy en cuenta por todos los jefes Orcos.

Fángruk, el dios Hijo
Fángruk es considerado no sólo un dios, sino el primer Orco, a partir del cual surgieron los demás. Hay miles de leyendas sobre su figura en las que se le sitúa como un héroe en la lucha contra Zárnir, y los Orcos consideran que todas y cada una de ellas son ciertas.

Si bien Fángruk no es un dios tan poderoso como sus padres, es el más respetado por todos y cada uno de los miembros de la raza Orca, ya que representa la perfección a la que todo Orco debe aspirar.

Fángruk predica el honor y la fuerza, así como el orden y la solemnidad en todo lo que realiza, recogiendo de sus padres las mejores enseñanzas.

No existen sacerdotes propiamente dichos de Fángruk, ya que toda la raza recibe desde su nacimiento las doctrinas de este Dios, encontrándose todos muy cerca suyo, pues no en vano es considerado el primero de ellos.

En honor de Fángruk, se realizan todos los meses una lucha entre los mejores Orcos, en las que prima el honor y la lucha justa, conocidas como Kar-Fángruk. Estas luchas se suelen realizar en la Arena, el corazón de las ciudades orcas, y los vencedores ganan el respeto de los suyos.

Grinz, el dios Anciano
Grinz es un dios calmado, sobrio y sabio, que si bien no es especialmente venerado por los Orcos, sí es respetado y tenido en cuenta.

Grinz predica la paz y la reflexión, algo bastante opuesto a Gráknur, y por ello no es de extrañar que no haya ningún Orco que, abiertamente, predique las doctrinas de este Dios. En cambio, los Goblins son fervientes seguidores de Grinz, no en vano él les rescató del vientre de Zárnir.

Existen algunos sacerdotes Goblins de Grinz, pero realmente no son muy respetados ni tenidos en cuenta, ya que los Orcos no aceptan públicamente sus enseñanzas y los Goblins las tienen tan asumidas que en muchas ocasiones los sacerdotes no son necesarios.

Los orcos no realizan ninguna celebración en honor a Grinz, pero es interesante observar que cuando rezan rogando a algún dios, siempre termina diciendo "y a Grinz", por si el dios está escuchando.

Por su lado, los Goblins sí rinden pequeños cultos al dios. Cuando uno de sus ancianos muere, algo poco frecuente ya que no es de esperar que un Goblin viva mucho tiempo si lucha en la Guerra Eterna, los Goblins celebran el Kar-Grinz. Poco o nada se sabe de esta fiesta, ya que los estos la celebran lo más discretamente posible, pero se rumorea que se realizan pruebas de astucia e ingenio en honor al dios.

Zárnir,  la diosa Seductora
Zárnir es hermosa, seductora y atrayente, tanto que embelesó a Gráknur, pero también es engañosa, frívola e irascible. De ella se dice que tiene cuatro brazos, uno para extrangular a cada uno de los dioses. También se afirma que es la hermana gemela de Tórgrum.

Nadie recuerda ya qué predica Zárnir, pues los Orcos desecharon las enseñanzas de la diosa traidora hace ya mucho tiempo, aunque se asume que se animaba al individualismo y las artimañas, y se le asocia siempre con la Oscuridad y el engaño.

No existe ningún sacerdote ni fiel declarado de la diosa, y no es normal ver a ninguno por territorio Orco, ya que son rápidamente reducidos e incinerados en el fuego purificador de Gráknur.

Como es lógico, tampoco existe ninguna celebración en honor a Zárnir, aunque suele estar presente en todas las celebraciones orcas como el enemigo al que vencer.

Los Templos

Los Templos Orcos son muy humildes. De ellos tan sólo cabe destacar dos cosas, la biblioteca y la Llama Eterna.

La biblioteca es en realidad una acumulación de escritos de viejos sacerdotes y algunos ancianos Orcos, tratando de evitar la pérdida de la historia y leyenda de su pueblo. En ocasiones, incluso, parecen existir pequeños libros que atesoran el conocimiento de artesanos o sacerdotes que, a lo largo de su vida, han descubierto algo que creen relevante mantener en el Templo.

La Llama Eterna, por otro lado, es el centro del Templo, y sin duda alguna, lo más sagrado que se encuentra en él. Esta Llama se encuentra rodeada de cuatro paredes hechas en piedra reforzada por los Sacerdotes de Tórgrum, y es mantenida encendida permanentemente por los Sacerdotes de Gráknur. Únicamente estos últimos pueden tocar la Llama, que en ocasiones es llevada fuera del Templo para la realización de ritos importantes. En esas ocasiones, los Sacerdotes de Tórgrum se encargan de realizar un soporte de piedra que sea capaz de transportar la Llama Eterna, pues sólo el poder combinado de los Dioses Padre y Madre permiten que el poder de la llama permanezca.

Fiestas y Celebraciones Religiosas

Existen varias fiestas orcas que forman una parte inseparable de todos los Orcos. Son profundamente religiosas, tanto que interrumpir una de estas celebraciones sin un motivo justificado puede acabar con la condena del insensato a las minas.

La primera de ellas es Kar-Gráknur, El Alzamiento de Fángruk. El sol brilla más tiempo ese día, y al caer la noche, el fuego arde en los hogares Orcos.

Los adultos caminan descalzos sobre brasas, las mejores piezas de la caza se asan esa noche, y los niños y ancianos degustan las más sabrosas frutas recolectadas. La bebida no cesa de correr durante toda la noche, y muchos Orcos son concebidos junto a las hogueras, ya que los dioses bendicen este día.

Otra de las grandes celebraciones orcas es Kar-Tórgrum, El Engaño de Zárnir. Durante la noche más larga del año, el jefe del clan celebra un gran banquete al que acuden todos los Orcos de la ciudad, y la cena es amenizada por los sacerdotes, que narran las historias y leyendas de los Orcos. Los ancianos se sientan junto a los niños en las hogueras tras el banquete, donde explican los últimos cuentos que los sacerdotes no han podido contar.

Mientras,  los hombres y mujeres de la ciudad se retiran a los templos a velar la Llama hasta el amanecer, junto a los sacerdotes, en un silencio sepulcral.

La tercera y última de las grandes fiestas del pueblo Orco, el Kar-Fángruk se celebra cada último día del mes. Es entonces cuando los mejores entre los Orcos se enfrentan en la Arena para honrar a Fángruk. El vencedor de la arena tiene el honor de pasar todo un día junto al jefe del clan, y es invitado a su mesa. Además, si es un guerrero, se le otorga el honor de acompañar al jefe y sus más valerosos guerreros en una incursión frente a los enemigos de los Orcos.

La Creación del Mundo

Dicen los ancianos que existían cuatro dioses en un principio, Gráknur, el fuerte y poderoso padre, Tórgrum, la protectora y misericordiosa madre, Grinz, el anciano y sabio compañero, y Zárnir, la más hermosa y sibilina de todos.
Fue que Gráknur y Tórgrum crearon el mundo, y pusieron en él a los animales, las plantas y las llanuras. Grinz, sabio y prudente, vio que el mundo perecería sin nadie que lo cuidase, y convenció a los creadores de que tuviesen un vástago.

Gráknur y Tórgrum yacieron y ésta quedó embarazada. Tórgrum cuidaba en todo momento del bien del pequeño, pero la pasión de Gráknur era fuerte, y fue entonces cuando Zárnir le engañó para que yaciese con ella.

Cuando acabaron, Gráknur se dio cuenta de su error, pues pudo sentir su llama en el interior de Zárnir, engendrando nuevos vástagos.

Arrepentido, fue a hablar con Grinz, y juntos se dirigieron a ver a Tórgrum. Herida por la traición de Gráknur, Tórgrum lloró desconsoladamente, y derramó sus lágrimas por el mundo, creando los ríos y dando así alimento a los seres que en él moraban, golpeó el mundo con rabia, creando los vados y las montañas, ofreciendo un refugio para protegerse.

Pero el amor de Gráknur y Tórgrum era auténtico y poderoso, y las palabras de Grinz, consoladoras, y los tres urdieron un plan para evitar que Zárnir diese al mundo sus vástagos.

Mientras la diosa dormía, Gráknur irrumpió en sus dominios, y con su llameante espada seccionó el vientre de la diosa. Tórgrum usó su poder para evitar que la diosa sintiese dolor, y a continuación derramó sus bendiciones sobre ella para sanar el vientre.

Grinz tomó los vástagos del vientre de Zárnir, les arrebató su esencia divina y los envió al mundo, dormidos y libres de la Oscuridad de su madre.

Esa misma noche, Tórgrum dio a luz a su hijo. Fuerte, robusto y con una mirada decidida en su rostro, sus padres decidieron llamarle Fángruk.

Ambos lo observaban con gran amor cuando Grinz irrumpió en la habitación con pánico en sus ojos. Les advirtió de la llegada de Zárnir que, furiosa, había invocado todo su poder y estaba dispuesta a acabar con ellos.

Tórgrum estaba demasiado débil tras el alumbramiento, y Gráknur demasiado preocupado por su vástago, por lo que fue Grinz, una vez más, quien trazó un plan.

Fángruk fue enviado al mundo, junto con la esencia de su padre y de su madre con unas instrucciones muy precisas a seguir.

Gráknur y Tórgrum observaron como su joven hijo abandonaba su protección y se dirigía al mundo que ellos mismos habían creado. Por desgracia, no tuvieron mucho tiempo de pensar en ello, ya que Zárnir entró en la habitación donde se encontraban y, llena de rabia atacó a los dioses.

Zárnir encerró a sus tres iguales en una jaula de Oscuridad, escondió esta en el corazón de un laberinto lleno de terrores y dolor,  y se dedicó a buscar en los cielos a Fángruk.

Fángruk había llegado al mundo, pero sabía que estaría muy expuesto a las miradas de los dioses. Por tanto, siguiendo las instrucciones de Grinz, golpeó las montañas con fuerza y de ellas sacó una veta de metal. Usando el fuego de su padre, forjó una espada, y con ella, se cercenó el brazo izquierdo.

A continuación vertió la esencia de sus padres sobre él, y entonces ocurrió el milagro. Otros seres similares a él en aspecto físico comenzaron a aparecer. Pronto notó que no eran dioses, y que su poder estaba demasiado lejos del suyo, y entonces entendió el plan de Grinz en su totalidad.

Él debería guiarles, debería enseñarles todo lo que sabía, y entonces, sólo entonces, acabar con Zárnir y liberar a sus padres.

Y así fue como Fángruk mostró sus conocimientos a sus iguales. Guió y enseñó a su pueblo, y les llamó Orcos. Después se dirigió hacia los lugares más recónditos del mundo, y encontró aquellos a los que Grinz había enviado dormidos previamente. Los despertó y los llamó Goblins, y los reunió junto a los Orcos para hablarles.

Les explicó la traición de la Oscuridad, los engaños y ardides de los que se valía, y les animó a enfrentarla. Su llamada fue tan fuerte que seres que aún se encontraban dormidos, seres que tal vez no deberían haber despertado hasta mucho más adelante, alzaron la mirada.

Y así aparecieron los Elfos, los Humanos, los Thrain, y un sin fin de razas que se unieron a sus huestes.

Pero Zárnir también oyó su llamada, y levantó a la Oscuridad. Sumió al mundo en tinieblas y mandó parte de su esencia al mundo, para hacerle frente.

Fángruk luchó contra la Oscuridad, que adoptaba una y mil formas, y consiguió herirla una, dos, cien veces. La hueste de Fángruk luchó contra los esbirros de la Oscuridad, pero el enemigo era poderoso.

Tal era la fuerza del ejército que Fángruk había reunido que Zárnir temió que sus huestes fuesen derrotadas, y ella misma bajó al mundo para tomar parte en la batalla. Fue entonces cuando la jaula de Oscuridad cuya resistencia se debilitó al entrar la Diosa al mundo de los mortales fue quebrada, y Gráknur, Tórgrum y Grinz, utilizaron su poder para romperla.  El Fuego y la Tierra rompieron los barrotes hechos de pura Oscuridad, y la astucia de Grinz hizo que los dioses encontrasen la salida del laberinto en el que Zárnir les había encerrado. Libres al fin de sus ataduras, los dioses bajaron al mundo para luchar junto a su hijo, sorprendiendo a la mismísima Zárnir, y con su fuerza ayudaron a Fángruk, permitiendo que éste hiriese a la Seductora y obligándola a desterrarse en las tinieblas.

Viendo que Zárnir no suponía un peligro para el mundo, los dioses rogaron a su hijo que les acompañase, y los cuatro subieron a sus dominios. Tórgrum derramó sus bendiciones sobre los muertos, y todo aquel que luchó con valor renació de la tierra.

Todo parecía haber terminado, y debería haber sido así, pero los dioses se olvidaron durante demasiado tiempo de Zárnir, y volvió de nuevo, más poderosa y más astuta. Corrompió el corazón de los mortales a espaldas de los demás dioses, se instauró en el mundo, y dominó demasiado territorio. Cuando los dioses quisieron darse cuenta, era demasiado tarde, y la influencia de Zárnir estaba lejos de su alcance. Entonces enseñaron a los Orcos cómo utilizar el fuego y la tierra, y junto a los conocimientos que Fángruk ya les había enseñado, les armaron para luchar contra la Oscuridad.

Hoy, la batalla sigue, pero los Orcos lucharon, luchan y lucharán, mostrando el camino a las otras razas, al amparo de los dioses.