Organización
En los años siguientes al alzamiento del Muro de Fuego, el Rey Táladas reorganizó junto a sus aliados las tierras del Viejo Reino. Las fronteras ardientes habían salvado al Reino de la extinción, pero a un alto precio, su aislamiento del resto del mundo. Por tanto, un nuevo orden se hizo necesario a lo largo de todo el Viejo Reino, y hoy las cosas son muy distintas a cómo eran antaño.
El Viejo Reino es una nación en guerra, pero incluso en la hora más oscura las mercancías fluyen por los caminos y ríos, revitalizando comarcas devastadas y distribuyendo los alimentos hacia las zonas fronterizas.
La organización política y económica del Viejo Reino comprende dos zonas bien diferenciadas:
• Las Marcas Exteriores iluminadas por las llamas de los fuegos alimentados por la Cábala Escarlata, administradas por las grandes casas bajo concesión real, bajo la constante presión del terror de la Oscuridad.
• Las Comarcas, hogar ancestral de las Grandes Casas y más alejados del acoso de la Tejedora de Sombras.
Las Marcas Exteriores
La vida en las marcas exteriores no es sencilla. La dura defensa del Muro mantiene a raya a las hordas de la oscuridad, aunque la Sombra está presente en la vida diaria de los habitantes de las Marcas. Por las noches los susurros acosan a los ciudadanos, que se encierran en sus casas con la falsa esperanza de que les resguarde de lo que hay al otro lado. Muchas mañanas los ciudadanos contemplan cómo alguno de sus vecinos se ha esfumado, o cómo la corrupción impregna su vida cotidiana explotando sus miedos y volviéndolos contra ellos. Muchos hombres y mujeres no lo soportan, y huyen hacia lo que creen un refugio más seguro, el interior del Reino.
Gobierno de las Marcas
El Viejo Reino es extenso, y ha sido azotado por las guerras desde que se tiene memoria, más aún desde que fue cercado por la Oscuridad. Aunque existe una gran lealtad hacia el Rey Táladas, el monarca tiene dificultades para mantener la ley y el orden a lo largo y ancho del Reino. El Rey por tanto debe apoyarse en todos sus vasallos para mantener el control, y por ello se ideó el sistema de concesiones de las Marcas. Estas tierras, pertenecientes a la corona, pueden ser concedidas a una Casa para que las gobierne y las administre en nombre del Rey, con derecho a un amplio beneficio personal.
Las concesiones de las Marcas a las Grandes Casas, que adquieren a cambio de una elevada tasa real que se abona anualmente, se limitan a la administración del territorio, la recolección de impuestos, que quedan en manos de las nobles concesiones, y la defensa, mientras que las tierras permanecen bajo el control de la Corona, que permite a los campesinos explotarlas sin verse sometidos a los férreos derechos feudales que han regido durante siglos.
El Rey, de esta manera, señala a una Gran Casa o a una de sus propias Casas Menores vasallas para gobernar una Marca. El Duque de una Gran Casa a su vez puede delegar el gobierno de una Marca en una de sus Casas Menores vasallas. El Duque o Conde de la Casa a quien se ha concedido el gobierno de una Marca gestiona libremente entre sus allegados y vasallos el gobierno de la misma.
Aquel que gobierna una Marca tiene el título de Barón. Aunque Marca se refiere a la ordenación territorial, y Baronía se refiere al dominio de un gobernante sobre esa misma Marca, aunque en la práctica se emplean como sinónimos en el lenguaje popular. El Barón gestiona el gobierno de su Marca como estima oportuno con la bendición de su Casa, y de igual manera decide quiénes son los Señores de las divisiones de la Marca.
Economía de las Marcas
De igual manera, las ciudades han obtenido fueros especiales, que les permiten cierto grado de autogobierno y control sobre las tasas de mercado y otros impuestos. Esta independencia y el hecho de verse libres del yugo de las casas ha hecho que en las marcas exteriores florezca una nueva clase social, la baja burguesía, dedicada al comercio y la gestión de las pocas explotaciones viables en las marcas exteriores, que copa los puestos de importancia en los gremios, y que alcanza un cierto peso político a través de los Concejos municipales y los propios gremios. El mayor ejemplo de esta libertad se ha dado en Farbos, la primera auténtica Ciudad Libre.
Con las medidas puestas en marcha por el Rey Táladas, las Marcas se mantienen pobladas, aunque en menor medida que otras zonas más seguras. A pesar de eso, grandes extensiones de terreno permanecen sin explotar por falta de mano de obra, por lo que apenas se generan, aún en las mejores condiciones climatológicas, recursos suficientes para mantener a la población por encima del umbral de la hambruna; por ello, las Marcas no son del todo autosuficientes, sino que en muchas ocasiones requieren de excedentes de alimentos y otros recursos básicos procedentes de las Comarcas.
A esto se añade que los emprendedores que salen de las Comarcas con ansias de labrarse un nuevo futuro prefieren dedicarse a explotaciones que generen mayores riquezas a un ritmo rápido, tales como minas o plantaciones, por lo que los ya de por si escasos recursos humanos se reparten entre numerosas compañías de pequeño tamaño que aprovechan los recursos naturales de la zona, todavía no tan desgastados tras siglos de explotación, como en las Comarcas. A causa de esta especialización en explotaciones de materias primas y recursos de alto valor en lugar de en la producción de alimentos, se ha desarrollado un floreciente comercio entre Marcas y Comarcas, favorecido por los impuestos reducidos y los intereses de las grandes casas en mantener las concesiones reales.
Las Comarcas
La situación es distinta en aquellos lugares donde la Oscuridad no acosa tan directamente a los habitantes, aunque siga existiendo la amenaza sobre ellos en menor medida. Tanto las Grandes Casas como las Casas Menores mantienen sus feudos ancestrales, que gobiernan con mano de hierro. Esas tierras, por tanto, no pertenecen al Rey, sino a los Duques y los Condes, sus aliados en el dominio y el control del Viejo Reino.
Los siervos viven atados a la tierra que trabajan por cuenta de sus señores. Aunque las ciudades son en principio independientes, los concejos están dominados por cargos elegidos por los propios nobles, por lo que raramente se toman decisiones contrarias a los designios de la casa.
La sobrepoblación creada por la llegada masiva de refugiados de tierras acosadas por las Oscuridad, sin embargo, significa que ni las explotaciones ni los campos se encuentran faltos de manos que los trabajen, por lo que la economía florece en las Comarcas y genera excedentes que pueden ser enviados a las Marcas Exteriores.
Las Grandes Casas incluso pueden permitirse desarrollar artesanías y talleres que producen objetos de calidad y lujo destinados no sólo a los señores de las Comarcas, sino también a los nobles destinados a las Marcas Exteriores, que buscan cualquier pretexto para dilapidar sus riquezas en ricos objetos que les acerquen a las añoradas Comarcas. Para producir estos objetos, sin embargo, se requiere gran cantidad de valiosos recursos y materias primas que tras años de explotación masiva apenas pueden encontrarse en unos pocos lugares de las Comarcas, por lo que deben traerse de las zonas aún salvajes.
Existen siete Grandes Casas, entre ellas la Casa Real. Al mismo tiempo, existen numerosas Casas Menores, unas como vasallas de las Grandes Casas, y otras vasallas de la propia Casa Real.
Las Casas
Las casas tradicionalmente ocuparon posiciones de poder en el dominio del Reino, aunque el sistema feudal se colapsó a lo largo de las últimas guerras contra la Oscuridad. Tras la reforma del Reino que encabezó el Rey Táladas poco después del alzamiento del Muro de Fuego, las Grandes Casas supervivientes al conflicto conservaron gran parte de su estatus. La Gran Casa del Cancerbero, como caso especial, fue conformada por la unión de varias Casas Menores que habían perdido a su Señor, allá por la nueva frontera oriental del Reino. Las Grandes Casas se distinguen de las numerosas Casas Menores por una serie de concesiones particulares, entre las que se encuentran formar parte de la Asamblea del Rey, o poder tener a su vez otras Casas Menores como vasallas.
Grandes Casas
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Casa Real: Los cercanos al Rey dominan el corazón del Reino, y una notoria cantidad de Marcas a lo largo de todo el territorio que no han sido concedidas al gobierno de ninguna otra Gran Casa. El anciano Rey Táladas ha mantenido la cohesión del Reino con la colaboración de los Duques y sus Condes vasallos durante más de 120 años de reinado. Su trono se encuentra en el corazón de la provincia de Achalón, en la ciudad de Aldaria. El emblema de la Casa Real es una corona azabache sobre campo rojo.
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Casa del Unicornio: Las tierras de Érion, las más occidentales del Viejo Reino, bañadas por los tres mares, son el dominio de la Gran Casa del Unicornio. Son una Casa próspera con magníficas relaciones diplomáticas y comerciales con sus vecinos élficos de Fungarest. De hecho, son quienes más han fomentado la presencia élfica dentro de las fronteras del Viejo Reino, amén de numerosos tratados entre ambas naciones. Su escudo es un unicornio perlado sobre campo verde.
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Casa de la Sierpe: Las tierras más fértiles al norte del Mar Estival son el dominio de la Casa de la Sierpe, cuna de grandes y prósperos comerciantes, aunque también de los mayores genios de las artes y las ciencias. No obstante, y aunque tal es su reputación, su título de Cuna de las Artes ha quedado muy desmerecido, pues tras una larga paz la genialidad de sus artistas se ha banalizado. Su escudo es una sierpe ondulante de ámbar sobre campo azul profundo.
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Casa del Grifo: La Casa del Grifo mantuvo la guerra contra Sjool durante muchos, muchos años, antes del alzamiento del Muro. Tras tantas luchas, El Duque del Grifo y el hijo del Rey Inki de Sjool fueron conscientes de que la paz que debían mantener requería de fórmulas especiales, pues el ancestral odio entre sus gentes podría poner en peligro la alianza de los Reinos. Por tanto, decidieron intercambiar los hijos de las poblaciones cercanas a la frontera que la Casa comparte con Sjool. Hoy, varias generaciones después, el mestizaje entre la población de Cadarn y el sur de Sjool ha dado un vuelco a las relaciones entre ambos Reinos, y el Grifo que siempre luchó contra los Sjoolgaard es ahora quien más se esfuerza por su integración. Su escudo es un grifo negro sobre campo amarillo.
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Casa de la Gorgona: La Gorgona domina el sur del Viejo Reino, poblando y dirigiendo la vida en las duras tierras de Morcaria. Su comercio es muy fuerte con todos los rincones del Viejo Reino, aunque sus fuerzas diplomáticas no siempre concilian a todas las partes. Es uno de los grandes enlaces del Este, y a la vez mantiene una fuerte relación comercial y política con los Thrain, aunque a costa de haber enemistado permanentemente a la Casa con la nación élfica de Fungarest Su escudo es la cabeza de una Gorgona de color plateado y cabellos serpenteantes en campo púrpura.
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Casa del Fénix: El Fénix es una fuerza protectora del Viejo Reino tan solo comparable a la Casa del Cancerbero y a la Hermandad de las Capas. Defiende el corazón del Reino y el enlace de las dos mitades del Reino. El Duque, hastiado de contener las fuerzas de la Oscuridad, ha sido la voz que ha consolidado el nacimiento del Amanecer y ha dado al Viejo Reino la esperanza de una reconquista. Esto ha levantado muchas ampollas y ha colocado al Duque en el punto de mira de todo el Viejo Reino y sus naciones aliadas. Su escudo representa a un fénix alzando el vuelo, de color dorado sobre campo naranja.
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Casa del Cancerbero: El Cancerbero surgió 13 años después de que el Muro fuera alzado, de la unión de tres Casas Menores que habían perdido a su Gran Casa más allá del Muro en Urlia. El Rey Táladas, al ver el Este del Reino debilitado, dio su bendición a esta nueva Gran Casa para que fuera el custodio de toda la frontera oriental del Reino, las ricas tierras de los colonos. El Cancerbero es la Casa con más Marcas concedidas para su gobierno en todo el Reino, y es una de las más cercanas a Táladas, a pesar de ser la más joven. Su escudo muestra las tres cabezas del cancerbero en color verde, sobre campo marrón.
La Nobleza
Los nobles son los miembros del linaje de las Casas, la clase dirigente del Viejo Reino. La condición de nobleza supone la gran responsabilidad de tomar parte del gobierno de parte del Viejo Reino, así como de asumir la protección de las familias de siervos.
La nobleza la da la Casa, no la sangre. De esta manera, cualquier hijo de noble o plebeyo será noble si desposa a un miembro de una Casa, si es adoptado por uno, o si pasara a ser parte de la línea familiar del Duque o Conde. La condición de noble también se puede perder en el caso en que se rompa la línea familiar que une a un individuo al dirigente de la Casa. El Duque de una Casa puede expulsar a cualquier noble de su propia Casa como castigo por una conducta extremadamente grave. Por regla general, si un noble ingresa en alguna Orden o Hermandad, también suele perder la condición nobiliaria. De cualquiera de estas maneras, si el noble deja de serlo se convierte en un plebeyo. Los viudos y viudas son un caso excepcional. Ya que aunque se haya roto su lazo con la Casa mantienen su estatus nobiliario, según la tradición. No obstante pierden este derecho en cuanto vuelven a desposarse.
El matrimonio entre nobles de distintas Casas exige que uno de los dos cónyuges pase a formar parte de la Casa del otro, perdiendo así su propio linaje. Esta antigua ley ha evitado numerosas intrigas matrimoniales entre Casas que podrían haber desequilibrado el balance de poder en el Viejo Reino. Aunque la elección de la casa del matrimonio queda en teoría a elección de la pareja, las tradiciones del honor de los nobles exigen que prevalezca la Casa de mayor rango y poder.
El rango de los nobles viene dado por su cercanía a aquellos que tienen un título nobiliario. Aunque siempre un noble, con título o sin él, será tratado de Vos, a cada título nobiliario le corresponden unos tratamientos de cortesía. Los títulos nobiliarios conllevan el tratamiento formal de Mi Señor, Mi Señora, o simplemente Excelencia, y son los siguientes:
• Rey: El Rey es el monarca del Viejo Reino, el líder de la Casa Real. Al Rey se le trata de Majestad. Es por supuesto la cabeza de la Familia Real, a quienes se trata de Altezas Reales, como excepción a la norma.
• Duque: Los Duques son los dirigentes de las Grandes Casas. El dominio sobre sus Comarcas es feudal.
• Conde: Los Condes son los dirigentes de las Casas Menores. El dominio sobre sus Comarcas es feudal.
• Barón: El Barón es aquel a quien el Duque o el Conde de su Casa han designado como gobernante de una Marca, por la concesión del Rey, por lo que no es un gobernante feudal.
• Señor: El Señor gobierna sobre las pequeñas regiones y divisiones de las Marcas y las Comarcas. Siempre rinden cuentas al Barón en las Marcas, que es quien les concede el gobierno de su señorío. En el caso de las Comarcas, responden ante el propio dirigente de la Casa. En ninguno de los dos casos tienen un poder feudal sobre sus dominios.
• Consorte: Los cónyuges de quienes tienen un título nobiliario reciben el mismo título y tratamiento, pero en calidad de Consortes.
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