Páginas del Magister
Página 1:
“Mi novicio y yo logramos escapar por poco del Templo hace unos días, y seguramente la Oscuridad nos pise los talones. Hemos logrado ocultar una copia del libro en las catacumbas del propio Templo, en un rincón absolutamente desconocido para cualquiera salvo mi novicio y yo.”
“Hemos de cruzar la llanura para entregar el original al Rey, pero dudo que lo logremos, pues la Oscuridad ha tomado ya toda la Comarca del Draco, y pronto se alzará el Muro, cortándonos el paso.”
“Nadie debe olvidar a nuestros héroes. Por ello, para honrarles y para que se sepa lo ocurrido, he escrito este texto. Empezaré por el principio.”
Página 2:
“Hace tiempo, mis hermanos del Templo y yo comenzamos a percibir un lejano susurro de los Dioses. Algo perteneciente a su mundo, totalmente ajeno al nuestro, llegaría pronto al Viejo Reino.”
“Lo llamamos el Latido de los Dioses.”
“Dedicamos mucho tiempo y esfuerzo a tratar de comunicarnos con ellos para averiguar más, pero apenas obtuvimos respuesta. Era como si los dioses se gritaran en un campo de batalla muy lejano. Sin duda, una señal de la guerra que estaba por venir y que destruiría medio Sjool y a la Gran Casa del Draco.”
Página 3:
“Aunque intentamos anticiparnos a la llegada del Latido, la dificultad para sentir y estudiar los susurros de los Dioses, nos hizo imposible anticiparnos. Sin duda, la Diosa quería nublar nuestra percepción para hacerse con el Latido antes que nadie.”
“En un intento desesperado por encontrar el lugar donde debía aparecer el Latido de los Dioses, partimos del Templo en todas direcciones, barriendo toda la Comarca del Draco en busca de los Ecos de su llegada.”
“Lamentablemente buscar los Ecos fue mucho más difícil de lo que imaginamos en un principio. Con el avance de la Oscuridad, no quedaron muchos testigos que pudieran hablarme de ellos.”
Página 4:
“Encontrar los Ecos, y reconocerlos como tales, fue en todo momento la clave para hallar el Latido. Para encontrar la piedra que alguien arrojó al estanque, lo primero es reconocer las ondas que ha producido en el agua.”
“Al igual que un niño pequeño del Viejo Reino sería incapaz de interpretar el lenguaje ancestral Skaarn de los sjoolgaards, el mundo físico no podría interpretar el lenguaje en el que estarían escritos los Ecos del Latido de los Dioses sobre el Mundo. Las leyes físicas y mágicas no están preparadas para percibirlos o reflejarlos de la misma manera en que los Dioses, en su infinito poder, pueden verlos. Por tanto, los Ecos carecerían de sentido para cualquiera que los observase. Todos los Ecos serían interpretados como misterios por el ojo inexperto.”
Página 5:
“Pero gracias a todo el esfuerzo que mis compañeros del Templo y yo habíamos invertido escribiendo el libro, sabríamos como reconocer algunos de ellos. Por ejemplo, en algún lugar al oeste de la llegada del Latido, un Eco con la forma de un anciano aparecería, debilitado y decrépito, portando un arma presumiblemente encantada. Para ofrecerla a alguien valeroso, primero lo juzgaría con 3 acertijos. El anciano, al no ser más que un Eco, se desvanecería tan rápido como apareció.
Pero este Eco se predijo como posterior a la llegada. Para entonces el Latido ya habría aparecido, y sería demasiado tarde para hacerse con él. En todo caso, jamás encontré testigos de ese Eco en concreto. Encontrar los Ecos adecuados me permitiría trazar el mapa hacia el Latido y saber el momento de su llegada.”
Página 6:
“En mi viaje en busca de los Ecos del Latido me encontré con los restos de la batalla entre los Reinos y la Oscuridad, que había dejado la ciudad de Nido en ruinas semanas atrás.”
“Rodeada de cuatro antorchas ya consumidas por el paso de los días, encontré una tumba marcada simplemente con el símbolo de un Dragón.”
“Tras presentar mis respetos al difunto Duque Sandrino, caí en la cuenta de un detalle muy significativo. Entre los muchos restos de cuerpos que rodeaban las ruinas de Nido, no encontré ni un solo cadáver de Alas del Draco, las tropas de élite del Duque.”
“Fue entonces cuando aquellos misteriosos soldados me encontraron.”
Página 7:
“Me llevaron arrastras a su campamento, un escondite tanto a ojos del ejército de los Reinos, en retirada hacia el castillo del Draco, como para la Oscuridad, que poco a poco extendía su manto sobre las Comarcas. La guerra continuaba, pero aquellos hombres parecían haber quedado al margen del conflicto.”
“Ellos eran la Compañía Maldita.”
“Les pregunté por los Ecos, y pudieron confirmarme que habían sido testigos del más importante de todos ellos, el que marcaba el momento y lugar exactos de la llegada del Latido, y que había sucedido semanas atrás, la misma noche de la muerte del Duque Sandrino.”
Página 8:
“El Eco que aquellos hombre y mujeres me describieron trataba de dos seres que decían ser hermanos. Ambos parecían enfrentados en una pugna sin fin para darse muerte. Uno de ellos era tan poderoso que incluso podía afectar a las mentes de los soldados y forzarlos a unirse a su fantasiosa causa. El encuentro final entre ambos se decidió gracias a una espada que, siendo parte también del Eco, había aparecido en una mina cercana a la ciudad de Nido. Ciertamente, tal historia hubiera resultado desconcertante a cualquiera que no supiera lo que estaba viendo.”
“Cuando les pregunté acerca de la aparición de algún artefacto extraño, que pudiera tratarse del Latido, supieron exactamente de qué les estaba hablando, pues obraba en su poder.”
Página 9:
“Según me contaron aquellos hombres, la misma noche de la muerte de Sandrino un grupo de Capas de Roble había logrado escamotear el artefacto delante de las narices de las huestes oscuras y ocultarlo en las Ruinas del Nido, lejos de las garras de la Dama y las Huestes Oscuras. Pero la Oscuridad siguió buscándolo hasta dar con las Capas de Roble, conocedores del escondite del artefacto. En pocos días, el regimiento desapareció, muchos de ellos caídos en combate, y otros muchos corrompidos por las Tinieblas.”
“La Oscuridad parecía tremendamente interesada en el artefacto, al que se referían como el Deseo de la Diosa, o simplemente el Cuerno de la Bestia. Sin duda, se trataba de lo que nosotros habíamos llamado el Latido. Pues si la Diosa lo deseaba tanto, la Maldita se lo pondría muy difícil. Para evitar que el escondite del Cuerno quedase expuesto, la Compañía Maldita asumió el papel de poner el artefacto a salvo y mantenerlo oculto, a pesar de haber quedado atrapados entre las líneas de la Oscuridad sin esperanza de supervivencia, y haber sido expulsados del ejército de los Reinos, por ser considerados sumariamente traidores.”
“Fue entonces cuando supe la verdad. La Compañía Maldita no era otra que los restos desperdigados del ejército de las Alas del Draco, a quien el Viejo Reino había proscrito por la traición del Duque Sandrino. Pero aquellos valerosos hombres y mujeres habían sabido mantenerse por encima de las circunstancias, y habían seguido velando por los intereses de los Reinos incluso en tan adversa situación, enemigos de ambos bandos. ¿Pero cómo había logrado la Maldita mantenerse oculta en aquellos valles invadidos por las Tinieblas? ¿Cómo habían conseguido sobrevivir tantas noches bajo la mirada misma de la Tejedora y su Dama?
“Cuando les pregunté por ello, no respondieron. Me dijeron que había sido un necio afortunado por haber llegado hasta allí sin haber encontrado la muerte a manos de la Oscuridad, y que debía huir mientras tuviera la oportunidad. Pensé en mi Templo, en mis hermanos y en mi asistente, el novicio. Debía regresar al hogar por última vez para recuperar el libro que relataba toda la investigación sobre el Latido y su poder. Si estábamos en lo cierto, el Latido era un fragmento de la esencia misma de los Dioses, un pedazo de su corazón divino, de vida y magia. Un poder así, en las manos correctas o equivocadas, podría ser tan maravilloso como catastrófico. La Compañía Maldita seguiría ocultándolo delante de las narices mismas de la Oscuridad, pero si no lográbamos ponerla a salvo en los Reinos no serviría de nada. Yo, por mi parte, debía hacer todo lo posible por llevar ese conocimiento ante el Rey. Y, con suerte, tener tiempo de hacer una copia del libro.”
“Fue entonces cuando regresé al Templo, deshaciendo lo andado con presteza a la par que cuidado de no toparme con el frente de la Oscuridad. Por suerte o por desgracia la batalla se libra a varias millas al oeste de mi Templo, por lo que el alzamiento del Muro de Fuego nos dejará tras las líneas enemigas. Apenas he tenido tiempo de hacer una copia del libro, ocultarla, y recorrer la ruta que atraviesa las ruinas de la llanura de Áldanar antes de que el Muro nos corte el paso. Si los Dioses nos sonríen, lograré llevar esta copia a manos del Rey. Dejo varias copias del relato de mi viaje con la esperanza de que alguien las encuentre y nuestra historia no caiga en el olvido, ni deje de conocerse el valor que mostró la Compañía Maldita en estos últimos días.”
“No debemos olvidar a nuestros héroes.”


