Política
El mundo de los elfos gira completamente en torno a la política y el prestigio relativo. Cualquier elfo tratará en todo momento de ganar prestigio a costa de otros elfos (no aporta nada quedar por encima de una de las razas inferiores puesto que un elfo está por encima por definición; por el contrario sí que se puede perder mucho si se es embaucado por un miembro de ellas). La ganancia de prestigio debe ser mediante un acto público. No obstante muchas veces un elfo preferirá no dar a conocer algún detalle sobre otro al cual ya tenga por debajo y preferirá usar esa información para forzar su actuación contra un tercero. El prestigio como tal es, por tanto, solamente el marcador público entre los elfos quedando lo que no sea del dominio de todos como una posible baza oculta para ganar aún más. Cuanto más prestigio se gana, más relevancia pública se tiene y es posible ser elegido para cargos cada vez más importantes hasta llegar al Consejo de los Nueve (ver sección del mismo nombre), que es el órgano de gobierno élfico y está compuesto por los ancianos que más prestigio han acumulado. No es absolutamente necesario pertenecer a un Gran Linaje (ver sección de sociedad) para acceder al Consejo de Nueve, pero pocos casos ha habido en los que no fuese así. Existen Consejos de menor entidad en cada ciudad élfica e incluso por grupos organizativos (por ejemplo, nueve generales para una campaña militar). Los Consejos se renuevan cada nueve años o cuando se produce un fallecimiento de uno de sus integrantes, momento en el cual se evalúa a los nueve candidatos más prestigiosos para ocupar dicho cargo (pueden resultar ser los mismos que había antes). Los elfos no tienen ningún problema en utilizar el chantaje u otros métodos poco ortodoxos, pero evidentemente es más elegante, y por tanto otorga mucho más prestigio, utilizar métodos más sutiles. (No da el mismo mérito abatir un león estando solo y desarmado que en compañía de un regimiento de lanceros.) Un elfo nunca mataría deliberadamente a otro ser consciente a menos que se trate de cuestiones de vida o muerte o de servidores de la Oscuridad. Se asume que incluso los no-elfos deben de tener alguna traza de esencia divina que puedan aprovechar los aspectos en la guerra contra la Oscuridad (ver sección de religión). De esta manera las tramas políticas nunca acaban con la muerte del rival. Es más, es señal de respeto por parte de un elfo el que se moleste en volver a aplastar a otro elfo al cual ya ha vencido reiteradamente puesto que muestra que no se le considera completamente insignificante. Tener muchos enemigos vivos también da prestigio entre los elfos. Cuando un elfo muere por edad, en su celebración de despedida es tradicional que estén presentes sus adversarios al igual que sus amigos y familia. Es una ocasión de gozo, no de dolor y la presencia de los que en vida fueron adversarios es testimonio de que la rivalidad entre los elfos es por el bien común de la raza y para fortalecerse mutuamente entre todos. Si alguna vez un elfo siente que ha sido completamente vencido por otro y que por mucho que lo intente nunca podrá volver a alzarse sin que ese elfo le vuelva a hundir en la miseria, puede citar a su Némesis en cualquiera de los templos y públicamente proclamar su derrota. Desde ese momento será un fiel aliado de su anterior enemigo y le ayudará en cuanto pueda. Tampoco es raro que un elfo dispuesto a dar ese paso lo consulte previamente en privado con su adversario por ver si le interesa hacerlo público o mantener el símil de rivalidad para obtener ventaja contra otros elfos. Esto es un arma de doble filo, puesto que si se utiliza de esta manera a un elfo que no ha hecho pública su rendición, puede volver a recuperar suficiente fuerza y traicionar a quien le pretendía usar. Esta ambigüedad no existe cuando se ha hecho de forma pública. Dado que los elfos no aprueban matar excepto en caso de extrema y urgente necesidad, el exilio suele ser la pena habitual cuando un elfo ha demostrado que no puede vivir en sociedad (por ejemplo cuando un elfo ha proclamado públicamente su fidelidad a otro para luego traicionarle). Para faltas más leves, una amonestación pública con la consiguiente pérdida de prestigio es suficiente. No obstante, en aquellos casos en que un elfo mata a otro, será juzgado por los nueve elfos de más prestigio del lugar. Si es hallado culpable, será sometido al Shia-ne (ver sección del mismo nombre).

