Vida en el Viejo Reino

Calendario en el Viejo Reino

El origen del calendario del Viejo Reino se pierde en la historia más antigua, pero se cree que siempre fue como se conoce en la actualidad. El año, de 400 días, queda dividido en cuatro estaciones. La primera es la estación de la Tierra, (también llamado Invierno), donde el suelo está desnudo y el frío azota la vida salvaje. Luego llega la estación del Agua, (conocida como Primavera) en la que la vida fluye y regenera el mundo llenándolo de esplendor. En tercer lugar la estación del Fuego (o Verano), en la que el calor templa y forja las tierras y el día es pleno. Por último la estación del Viento (conocida como Otoño), barre los restos del ciclo desnudando las tierras de nuevo. Cada una de las cuatro estaciones tiene 10 semanas, y cada una de esas semanas 10 días. De esta manera se citan las fechas señaladas en el calendario del Viejo Reino.

Ejemplos: Quinto Día de la Tercera Semana del Fuego, que se puede abreviar como 5 de la 3ª del Fuego. El primer día del año sería el Primer Día de la Primera Semana de la Tierra, o 1 de la 1ª de la Tierra. El último día del año sería el Décimo de la Décima del Viento, o 10 de la 10ª del Viento.

El cómputo de años comenzó a rodar para todas las naciones el día en que el Muro de Fuego fue levantado gracias al esfuerzo común de todas las razas. Antes de aquél día, cada nación marcaba el paso de su historia según sus propias leyendas, y cuando el Muro se alzó llenando de esperanza a las razas civilizadas, quedó marcado el Año Cero del Muro de Fuego (Año 0 M.F.)

Los Auspicios

El calendario del Viejo Reino fue elaborado en eras antiguas basándose en ciertos auspicios cosmológicos y religiosos. Las estrellas forman la figura de los Dioses y los Elementos, y de esas figuras astrales, la tradición ha traído los Auspicios hasta nuestros días.

Toda persona nacida llega bajo dos auspicios, el Auspicio Elemental y el Auspicio Divino. El primero de ellos corresponde a la estación del año en la que ha nacido, y el segundo a la figura del Dios predominante durante aquella semana en el firmamento. La creencia popular dice que estos auspicios de alguna manera marcan la personalidad y la propia existencia del individuo, aunque jamás han formado parte del culto o la doctrina del Templo.

Auspicios Elementales

La Tierra: la Tierra, asociada a la estación del frío y las nevadas, es un signo de templanza y disciplina personal. Representa el control de la mente sobre el cuerpo y el aspecto más cerebral de un sujeto. También se asocia a una personalidad fría y calculadora, lejana a los sentimientos.
El Agua: el Agua, asociada a la estación del florecimiento y la llegada del clima propicio, es un signo de fertilidad, creatividad, y orden natural. Es un signo de optimismo y de reconstrucción, que derrota a la adversidad y extiende la vida y la creación.
El Fuego: el Fuego, asociado a la estación del calor, es un signo de pasión y visceralidad. Aquellos auspiciados por el Fuego tienden a anteponer su corazón a su cabeza, y son a menudo impulsivos y apasionados, de fuerte carácter. El Fuego también se considera un signo de destrucción cuando se desata sin control.
El Viento: el Viento, asociado a la estación de la caída de la hoja y los fuertes vendavales, es un signo de entropía. Representa el envejecimiento y la decadencia de todo, el desorden que evita que las cosas perduren indefinidamente. Sin embargo, ese desorden entrópico que evita lo eterno es lo que hace hermosa a la existencia, y el Viento se convierte en un signo de la cadena del tiempo, del azar y de la fortuna.

Auspicios Divinos

Además de bajo un Auspicio Elemental, cada individuo nace bajo un Auspicio Divino según en qué semana de la estación ha nacido. El orden de los Auspicios Divinos es el mismo que el de los Dioses del Panteón del Viejo Reino, con la Excepción de la Diosa de la Oscuridad. No obstante, la cultura popular considera el número 11 como un signo de infortunio en “honor” a la Tejedora. El significado del Auspicio divino relaciona de alguna manera la vida del individuo con el ámbito del respectivo dios, en ocasiones para bien y en ocasiones para mal, al menos según la creencia popular.

El Terror a la Oscuridad

En la vida cotidiana, los habitantes del Viejo Reino tienen muy presente que, aunque los nobles y la Cábala Escarlata hablen con grandes palabras acerca de la seguridad del Muro de Fuego, que ciertamente detuvo a las Hordas de la Oscuridad, la realidad es que a diario suceden cosas terribles que mantienen vivo el miedo del pueblo.

La gente desaparece por las noches, se adentran por algunos senderos para no regresar, y si lo hacen, ya nunca vuelven a ser los mismos. La Hermandad de las Capas hace que los caminos sean transitables durante el día, pero al abrigo de la noche incluso su presencia está lejos de ser una garantía de seguridad. Por ello muchos viajeros contratan mercenarios y guardaespaldas para sus viajes, y muchas posadas de los caminos son casi pequeñas fortalezas rodeadas de antorchas.

Esta presencia continua de la Oscura Amenaza se combate algo más fácilmente en el interior del Reino, lejos del Muro, aunque nadie en su sano juicio arriesga su seguridad ni siquiera en las fortalezas más inexpugnables de Achalón. Las Marcas Exteriores viven este miedo aún más intensamente, aunque no por ello dichas tierras quedan abandonadas a su suerte, ya que las oportunidades allí son grandes y la defensa del Muro no debe descuidarse.

¿Puede la Oscuridad rebasar el Muro? Es la gran pregunta que se hace cada habitante del Viejo Reino al ir a dormir a su lecho, rezando a los dioses para poder ver un nuevo día, y que el infortunio no decida acabar con su existencia.

Diversidad en el Viejo Reino

Thrain

Es fácil encontrar comunidades y pequeños enclaves Thrain a lo largo de todo el Viejo Reino, especialmente en las montañas, aunque no exclusivamente. Su presencia ha ayudado al florecimiento del Viejo Reino desde que se recuerda. Existen varias regiones dentro del Viejo Reino que, de hecho, están pobladas principalmente por Thrains. Son auténticas ciudades y regiones Thrain fuera de su reino, aunque responden ante los señores del Viejo Reino como cualquier otra ciudad de su territorio. No obstante, a ellos les gusta considerarlas sus provincias exteriores, aunque no funcionen como tales.

La relación entre los Thrain de las Montañas de Acero y el Viejo Reino, son tradicionalmente buenas. El comercio es intenso, y las fronteras ven pasar cada día decenas de carromatos cargados hasta arriba de minerales y armas, por un lado, y de alimentos y artículos de lujo que difícilmente podrían encontrarse en las profundas cavernas de los Thrain. Es un comercio del que mucho se han beneficiado ambas partes, y que ha sido fundamental para la creación de no pocos imperios comerciales.

Elfos

Los elfos en el Viejo Reino son bastante menos numerosos que los Thrain aunque en las últimas décadas han multiplicado varias veces su número. Su presencia suele estar ligada a los asentamientos comerciales que, a modo de embajadas, han establecido en multitud de poblaciones siendo cada vez más frecuentes los casos de elfos que se establecen en alguna población del Viejo Reino.

El hecho de que la existencia del Muro dependa también de la madera de los milenarios Savia Vetusta que los elfos aportan anualmente ha suavizado la opinión general acerca de los elfos, bastante hostil al menos hasta la firma del Concordato mediante la cual los elfos renunciaron a tener esclavos humanos. Su principal valedor es la Casa del Unicornio, que les ha apoyado decididamente frente a la Casa de la Gorgona que desde siempre se ha opuesto a cualquier expansión de la influencia élfica en el Viejo Reino.

Sjoolgaards

Los orgullosos Sjoolgaards son muy respetuosos de sus tradiciones, lo que dificulta la integración de sus comunidades en la vida cotidiana del Viejo Reino. Aún así, gracias a la colaboración por la defensa del Muro de Fuego, el hermanamiento de ambos pueblos poco a poco se va consolidando, y para gran parte de estos bárbaros las guerras del pasado han quedado enterradas, aunque muchos otros se resisten a dejarlas caer en el olvido. De una manera u otra, miles de Sjoolgaards viven ya a lo largo de todo el Viejo Reino, principalmente en sus Marcas, donde la vida es más parecida a la de su Sjool natal, exceptuando quizá el clima. La presencia en las Marcas de los druidas, que cuidan las runas mágicas del Muro en colaboración con la Cábala Escarlata, suele dar lugar a cada vez más comunidades de Sjoolgaards en diversos lugares del reino.

Medianos

Los Medianos del Viejo Reino, como ellos mismos dicen, no se mezclan en las cosas de los normales. Son criaturas de alguna manera tocadas por la magia, y llevan una vida trascendida, itinerante y desenfadada. Comen y beben continuamente, y parecen siempre tener motivos de celebración, incluso en las horas más terribles y oscuras.

A menudo les gusta vagar por las distintas provincias, solos o acompañados de otros medianos, conociendo las zonas del Viejo Reino, y en algunas ocasiones visitan los reinos vecinos. Aunque son viajeros y curiosos por naturaleza, no es raro verles asentados en las poblaciones del reino, aunque no por más de unos pocos años. Tan solo en extrañísimos casos deciden tomar parte activa en los esfuerzos de su comunidad o en su gobierno, pero siempre se acaban marchando, pues está en su naturaleza. Que se sepa ningún Mediano forma parte de una Casa.

Orcos

La presencia de los orcos en el Viejo Reino es aislada y testimonial. La gente les considera criaturas bestiales y poco civilizadas, incluso meros animales. Aún así su valor y su fuerza en combate son ampliamente reconocidos por quienes han combatido alguna vez con ellos, y en ocasiones se les ve acompañando a grupos de mercenarios itinerantes, sobre todo los que cuentan con Sjoolgaards en sus filas, el único pueblo que parece tener algún tipo de semejanza con ellos.

En la provincia de Brelia, al norte del Viejo Reino, es donde más de estas criaturas se han visto. Los rumores hablan, incluso, de ejércitos de miles de estas bestias organizándose al otro lado de la frontera, en territorio supuestamente de Sjool. Sin embargo nadie confirma ni desmiente estas historias, haciendo que la incertidumbre por la amenaza orca se sume a los terrores que un habitante de las Marcas debe afrontar cada día. En todo caso, salvo algún suceso muy aislado, nadie ha visto por ahora orcos en número alarmante cerca de la frontera del viejo Reino.